¡VIVAN SUIZA Y SUS VACAS!

Anna Gabriel se ha ido a Suiza, donde las vacas y la banca. Y se ha puesto melena ‘midi’, con el pelo suelto, fresco y jovial. Y sonríe. Ha buscado (no sin ayuda, claro) un abogado elegante, precisamente el mismo que acaba de lograr que Estrasburgo condenara a España por el trato que recibieron los etarras Igor Portu y Martín Sarasola, responsables del atentado de la T-4 en 2006, en el que murieron dos personas, dos trabajadores de origen ecuatoriano: Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Nada tiene que ver la melena con la elección del abogado y el abogado con su clientela habitual. Aunque hace tiempo que dejé de creer en las casualidades. Mientras tanto Ifema y sus responsables (políticos muchos de ellos) hacen el ridículo prohibiendo que se exhiba en ‘Arco’ una serie de 25 retratos pixelados titulada ‘Presos políticos en la España contemporánea’. Entre los sujetos que se adivinan en la obra aparecen personajes de la talla de Andrés Bódalo, los Jordis, los agresores de Alsasua y Oriol Junqueras. La España contemporánea es una cárcel y Arco su amante bandido. Mal día para pensar, mal día para rapear caspa y vómitos que jamás repetiría aquí pero que saltan a un click de Google si es que alguien tiene estómago para digerir semejante parada de los monstruos. Dice barbaridades, algunas tipificadas y catapún, a chirona. Y sólo faltaba un juez secuestrando un libro para que Anna Gabriel se sienta como los limones del caribe en los prados helvéticos con su guapo abogado, la caja de resistencia de la CUP, su fantástica melena ‘midi’ en línea recta y el flequillo de lado despejándole una frente antes tan adusta. Se fue Anna a Ginebra y se hundió la Democracia española. ¡Vivan Suiza y sus vacas! # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

LÍO Y ESPERPENTO DE SUS SEÑORÍAS

No me gusta que se regule el arte. La libertad creativa ha de estar siempre por encima de cualquier norma, si se me apura de cualquier circunstancia. Ayer el Parlamento de La Rioja nos dijo que la tauromaquia es parte de la cultura. Gustavo Bueno lo había dejado por escrito hace décadas, pero eso no importa porque al fin y al cabo la realidad parlamentaria sólo atiende al teatrillo dialéctico y a las escaramuzas partidistas en las que se vota con la convicción gregaria propia de los grupos políticos. En el toreo sabemos mucho de eso, de ganaderías y de cabestros que dirigen a la piara de un cercado a otro. Ahora al comedero de arriba. Se levanta el buey, hace tintinear el cencerro y la manada le sigue con un mohín casi perruno de vacas sagradas que se dirigen donde está la alfalfa. Los bueyes han aprendido el camino a base de miles de repeticiones con personajes geniales como ‘Florito’ de portavoz y líder. Las reses esperan pacientes a que se abran las puertas, a que se cierren, a que se llenen de agua los bebederos. Los toros y las vacas imitan los gestos del manso. En el fondo él sabe dónde está la comida, barrunto que rumian en sus entretelas mentales, y nunca se equivocan a no ser que anden molestos por el celo de la primavera y se pongan díscolos y díscolas. En el Parlamento no pasan esas cosas. ¿O sí? Votan en equipo. Alguien levanta una mano y ésa es la señal. Nos han dicho que al tercer punto sí; al cuarto no y al octavo nos abstenemos. Pero claro, acaban liándose. Al no es que sí, a la abstención es que no, al sí es que tampoco. En las ganaderías llevan cencerro. En los escaños se hace a golpe de mano y claro, sus señorías se lían. Fichen a ‘Florito’ con su trajecillo corto por el hemiciclo. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

MUCHA BELLEZA

Disfrutamos de lo lindo un día más en esta edición de los Jueves Flamencos. Cante preciosista y cristalino de María Mezcle, soberbia flamenca de Sanlúcar de Barrameda, y toque generoso y excelso de Paco Cortés, que dio una noche sencillamente memorable con varias falsetas increíbles y bellísimas como la de la siguiriya o ese compás que derramó de dulce en la farruca, casi bailando con la guitarra, mecida por su toque y la ensimismada garganta de María Mezcle. La cantaora no tuvo concesiones y dibujó un concierto de flamenco clásico sin adjetivo alguno. Paseó por los cantes troncales para disfrutar con el conocimiento enciclopédico del que hizo gala desde la toná y los cantes de Trilla con las que se presentó hasta las bulerías finales, las clásicas del cierre de la actuación y la preciosas de su bisabuelo ‘El Mezcle’, que nos regaló como postre sin microfóno y cantadas con un regusto y una zalamería que personalmente me hicieron crepitar. Imagino que esa sensación se apoderó de la sala porque la gente abandonó feliz el auditorio, con sonrisa beatífica. Todos los cantes fueron mejorando a lo largo de su dictado, incluso las cantiñas, que comenzaron más planas, y especialmente los tangos, con una coda maravillosa por la rosa, un cante que siempre he vinculado a la más honda raíz morentiana que imaginarse pueda. Olía aquello a Granada, los tangos de Enrique, la voz de María y la forma de percutir la guitarra del gran Paco Cortés, con su elegancia toda, con el porvenir en sus dedos inalcanzables frente a nosotros. María fue creciendo y recreciéndose, la noche se hizo corta, los cantes perfectos y el niño que iba dentro de ella pudo escuchar a su madre y sentir el flamenco de una manera sideral. Me pregunté varias veces lo que sentiría el infante pegado al corazón de su madre cuando se rompió por siguiriyas y nos puso a todos al borde donde se asoman los que amamos el flamenco.

o XXII JUEVES FLAMENCOS Cante: María Mezlce.  Toque: Paco Cortés. Salón de Columnas del Teatro Bretón (localidades agotadas). Jueves, 15 de febrero de 2018€

«El flamenco es una fuente inagotable de conocimiento e inspiración»

María Mezcle:«Llevo varias noches soñando con esta actuación», explica la cantaora, que actúa con el toque de Paco Cortés en el Salón de Columnas 

 «Antes de andar dice mi madre que ya cantaba», explica María Mezcle (Sanlúcar de Barrameda, 1987), que actúa esta noche (21 horas) con el toque de Paco Cortés en los Jueves Flamencos de Salón de Columnas. Desde niña cantaba y bailaba porque en mi casa había flamenco por todos los lados. Mi madre cantiñea bastante bien y luego con el tiempo, cuando comencé a tomarme el flamenco en serio, mi abuela me contó la historia de mi bisabuelo, Juan Ortega Gómez ‘El Mezcle’, que fue un cantaor de Sanlúcar que no se llegó a dedicar al cante profesionalmente porque decidió sacrificar su vida artística por estar al lado de su familia».
-¿Qué conoce de él? 
-Tuvo sus mejores momentos con Pepe Marchena en los cafés cantantes de Sevilla a principios del siglo XX y el propio Marchena le decía que no se fuera porque «ganas tres duros más que yo…». Por lo que decían las crónicas era un cantaor realmente bueno. De alguna manera yo he recogido su testigo en una familia muy grande porque tuvo nada más y nada menos que once hijos. Mis padres me apuntaron a una academia de baile, pero yo les dije que mi pasión y vocación era el cante. Así que me llevaron junto a una persona que ha sido esencial en mi carrera, un profesor y flamencólogo de Jerez llamado Domingo Rosado, que comenzó a enseñarme casi desde el principio.
-¿Existen influencias de su bisabuelo en su forma de cantar? 
-Es curioso, pero yo conservo una grabación suya y puedo saber cómo era su estilo gracias a ese documento, aunque ya estaba muy mayor porque se lo grabaron en Barcelona apenas dos o tres años antes de fallecer y contaba que ya no tenía gusto para cantar. Decía que como era viejo y no bebía le faltaba ese ‘puntito’ necesario para cantar como a él le gustaba. De todas maneras, en esos cantes que conservo de él se adivinan su eco y las formas. Siempre me he preguntado cómo tendría que haber sido mi bisabuelo con veinte años cuando iban a buscarlo para cantar en Sevilla. Me causa un amor tremendo pero un respeto aún mayor cuando lo escucho. Lo tengo metido en mis sentidos. Tiene una forma muy particular por soleá y siguiriya. Siempre sueño sentarme en una silla y cantar la soleá como la hacía el Mezcle, pero todavía no me he atrevido.
-¿Por qué? 
-Por eso mismo, por el inmenso respeto que le tengo. Y, además, como es algo que no ha salido a la luz todavía siento algo tan especial que nunca encuentro el momento oportuno para hacerlo.
-Es curioso que en el flamenco se tenga tan claro el concepto de clasicismo y tradición y que queden tantas cosas por descubrir… 
-Es que es el cante flamenco es una fuente inagotable de conocimiento e inspiración. Además, mi bisabuelo recogió esa manera de cantar tan pura y tan salvaje que tanto nos emociona. Cuando venían las compañías de artistas a Sanlúcar, él se iba a verlas como loco y después llegaba a su madre a contarle que había aprendido un cante nuevo. Él ponía la oreja en los ensayos o en las actuaciones y se guardaba en la memoria lo que había escuchado y lo reproducía después a su manera. Era increíble la forma en la que aprendía a cantar. Por esos detalles creo que el flamenco antiguo es tan auténtico, rico y sorprendente. Es fundamental tener muy presente toda esa riqueza porque los antiguos tenían que buscarse la vida para aprender sin las ventajas tecnológicas con las que contamos en nuestros tiempos. También estoy convencida de que aquella idiosincrasia era el caldo de cultivo perfecto para que se crearan tantos estilos y que brotase con tanta fuerza la diversidad y la personalidad de los artistas.
-¿Se puede crear? 
-Es cierto que partimos de una base muy arraigada, de unos cimientos muy sólidos, pero luego cada artista tiene sus formas, sus necesidades de expresión. Todo eso es lo que a la postre hace que el flamenco siga siendo un arte extraordinariamente vivo. Ahora, siempre digo que me hubiera gustado vivir esa época del flamenco.
-¿Se toma un día concreto la decisión de ser profesional o es la vida misma la que le va llevando? 
-Un día se toma, pero la clave es lo segundo, es un proceso largo, que comienza en la infancia y que lo vas madurando con el tiempo. Cuando eres una niña no eres consciente del momento en el que es un juego y pasa a convertirse en una opción de cara al futuro. Pero ha sido una decisión fundamental en mi vida queme ha llevado a vivir momentos realmente mágicos.
-¿Ha pensado cómo va a ser el concierto de esta noche? 
-Fíjese, llevo como un mes sin cantar y se me caen los techos de la casa encima. Y le cuento esto porque tengo tantas ganas de cantar, de sentarme con la guitarra que la otra noche el recital que voy a dar en Logroño lo di tres o cuatro veces en sueños en la cama repasando los cantes. En realidad es que tengo muchos cantes en la cabeza y cuando llegue el jueves vaya usted a saber. Decía una cantaora de mi pueblo que cuando llegaba al teatro y veía a la gente cómo estaba vestida y así decidía cómo iba a ser el recital. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

PP, ATONÍA Y DESIERTO

Existe un sentimiento de orfandad, de ausencia, un temblor de vacío casi desértico en la derecha española. El lenguaje de la economía y la atonía continuista parecen haber barrido casi todo: valores, ideas, convicciones y estrategias. El PP bracea en una piscina sin apenas agua en la que flota como un corcho entre el desafío nacionalista catalán (mejor dicho, la ruptura constitucional y el estrafalario Puigdemont huido), los inmensos casos de corrupción que le atosigan y la trinchera en la que se parapeta el aparato de Moncloa con una vicepresidenta sin el más mínimo arraigo fuera de las moquetas. El PP se mira a sí mismo y apenas se reconoce en el Gobierno de la Nación. Éste es el drama que se multiplica porque casi nadie en el partido (especialmente los que tienen cargo) se atreven a levantar la voz. La inacción o la rendición le ha condenado a ser testimonial en Cataluña y el País Vasco, a necesitar un 'enemigo-amigo' como Podemos y a ser absolutamente implacables con Rosa Díez en la pasada legislatura y en ésta con Ciudadanos, fuerza política a la que se contempla desde Génova con un miedo absolutamente cerval, aunque les mantenga en el Gobierno. Como se han desatado todos los temores, cualquier cosa es válida contra la formación naranja, que poco a poco va recogiendo el descontento de una base sociológica que cree en el modelo de convivencia de España, en la Constitución y en una política de centralidad pero con valores. A Mariano, maestro de los tiempos, se le agota el reloj, y paradójicamente sabe que él no va a poder ejercitar el dedo para designar sucesor como hizo Aznar con él. ¿He dicho Aznar? Con él empezó todo, Hulio. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

GIGANTESCA NOCHE CON EL PELE

Es difícil, casi imposible, explicar en estas humildes líneas la soberbia actuación de Manuel Moreno Maya ‘El Pele’ en el primero de los conciertos de este ciclo que se celebran en el Salón de Columnas. El cantaor cordobés dejó un concierto memorable en todos los sentidos, una actuación que cautivó desde el primer momento y que mantuvo el diapasón por las nubes durante todos los instantes y latidos del alma de este genuino artista, que llegaba a Logroño arropado por esa leyenda que siempre le ha sobrevolado: la de un tipo único, alejado de los focos de la comercialidad y que siempre ha marcado cada uno de sus pasos por una personalidad y un hacer las cosas diferente a casi todo el mundo. Se ha convertido en un cantaor de auténtico culto, por mucho que esa definición pueda resultar manida por recurrente en demasiadas ocasiones. Pero es que además, ‘El Pele’ se encuentra en un momento artístico impresionante. Sobrado no, sobradísimo de facultades, hace con su garganta lo que le viene en gana cuando y como le apetece. Es un cañón, una barbaridad canora en la que juguetea con las notas en melismas asombrosos por dulces cuando desea y tenebrosamente profundos cuando el cante marca la intensidad que él desea imprimir con su garganta hundiendo las notas en el estómago. Canta y contiene la respiración, mastica las palabras, las deposita en misteriosas bandejillas de plata, las corta, las troquela, las deja suspendidas en el aire y las vacía siempre con una maestría y un gusto que hacen de su cante una verdadera belleza en cada palo. Por fandangos, por soleá, por malagueña, por alegrías, cantando Alfonsina y el mar o los estribillos memorables de Manuel Molina. A todo llega, hasta cuando declama e intercala su voz de la judería cordobesa con el infinito de Camarón o Enrique Morente, la Estrella y la Pelota. Todo eso y mucho más le cabe en la gramática de sus cuerdas vocales. De su última actuación en Logroño (fechada en 2012) hasta lo vivido el jueves la realidad es que siendo el mismo cantaor, da la sensación que se ha despojado de cualquier corset (aunque lleva más de cincuenta años en los escenarios, que se dice pronto) y canta con la absoluta libertad de quien lo sabe casi todo (no digo todo porque resultaría una pedantería) y lo hace trascender no como una declaración de sapiencia sino como un absoluto disfrute en el escenario. Mano a mano con ‘Niño Seve’, un extraordinario guitarrista también de Córdoba que no sólo estuvo a la altura de Manuel sino que dejó un buen manojo de buen toque en pureza absoluta, rítmica y originalidad. Puso Manuel el nivel del ciclo por las nubes, el público asistió atónito a su demostración (muchos no esperaban su maravilloso momento) y dejó un concierto flamenco repleto de matices musicales inéditos. Hubo color, calor, compás y ternura. Hubo cante grande, jondo, una vidalita inolvidable y mucho arte. ¡Vaya usted con Dios admirado Pele!

 o XXII JUEVES FLAMENCOS. Cante: Manuel Moreno Maya ‘El Pele’. Toque: Niño Seve. Salón de Columnas del Teatro Bretón de Logroño. (Localidades agotadas). Tercer concierto del abono. Jueves, uno de febrero de 2018. Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

UNA HORMIGA ENTRE MILLONES

A veces la sensación es de dolor. Simple. Llano. Cortante, adherido a la piel. Otras ocasiones es de angustia: se contraen los músculos y se convierten en puro hielo afilado como un estilete. Es el frío lo que más daño hace. Te levantas por la mañana sin nada que hacer, ni nada de lo que hablar, sin pensar otra cosa que no sea cómo lograr que pasen las horas sin que suceda la más mínima cosa entre unas y otras. Da lo mismo las seis que las tres, las dos que las doce. Es irrelevante cualquier momento porque todos y cada uno de ellos gravitan en la pesadez del vacío. No hay nada pero se acumula como una losa: las series, los libros, las canciones. Cuando desaparece cualquier sensación es que por fin has logrado quedarte dormido y como eres tú pero no hay nadie para explicarlo la quemazón desaparece. Está ahí metido y no sabes cómo salir porque nadie te había dicho que estabas dentro, que eras parte del enjambre, hormiga entre millones de hormigas, una gota de agua dulce en el mar imperturbable de John Locke, el pensador británico que fundó su ataque contra la poesía por su pretendida inutilidad. Locke quería privilegiar los saberes científicos en su creencia sobre la inmunidad del pragmatismo frente a la pretendida irrelevancia de las palabras. Las cosas son más importantes que las palabras, aseguraba. Pero no hay nada sin palabras, ni siquiera el dolor tiene explicación más allá de uno mismo si no es posible su relato. Para él un hombre ha de ser capaz de rehusar la satisfacción de sus propios deseos, contrariar sus propias inclinaciones y seguir solamente lo que su razón le dicta como lo mejor. Locke no estaba loco pero no entendía que el fundamento último del hombre, al menos en mi caso, es el mero disfrute de la utilidad de lo inútil, como escribió Nuccio Ordine. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja