La herejía de la inmortalidad

La muestra ‘El rostro de una ciudad’ bucea en el alma de los logroñeses durante siete décadas

Las ciudades se sumergen en sí mismas con la dudosa clarividencia de los recuerdos; la imagen desdentada de los niños que un día fuimos apenas resuena como un eco perdido en las ruinas del tiempo y en la cada vez más difusa niebla de la memoria. Una fotografía –cualquiera entre millones– tiene la virtud de escamotear el tiempo como si se sostuviera en el éter dibujando una única nota suspendida en el universo infinito de una sinfonía. Detener un único instante y congelarlo para siempre. La fotografía sella un pacto con el pasado desde el mismo momento que el moderno disparador actúa en silencio o el entrañable obturador de cortinilla resolvía su misterioso mecanismo. Es como un espejo sin nadie enfrente porque el modelo que aparece fue en ese instante pero ya no será nunca el mismo. Logroño, como cualquier otra ciudad del mundo, guarda su memoria fotográfica en infinidad de formatos y como si fuera un puzzle inacabable por su inmensa magnitud, millones de imágenes y retratos se amontonan por todas las casas perfectamente ordenadas en álbumes o desperdigadas anárquicamente en cajones, en baúles olvidados en altillos, entre las páginas de los libros o amontonadas sin ton ni son en cajas de bombones o de zapatos.
La fotografía actual carece de prosopopeya porque las nuevas tecnologías le han quitado su magia de acontecimiento y la han convertido en la anodina rutina del selfie. Pero hubo un tiempo en el que prepararse para protagonizar una imagen tenía rango de acontecimiento. Tanto es así que se le denominaba inmortalización. Nada más deseable para nuestra especie que burlar el paso del tiempo, nada más improbable tampoco que conseguirlo, pero se vivía en ese artificio como si en verdad fuera posible que nuestra imagen desdoblada se precipitara en el paraíso de lo que no se acaba nunca, de lo que no tiene fin. El ansia de infinito y vencer al paso del tiempo son anhelos trepidantemente humanos.

Retratos y almas
En el retrato se deposita el alma (del retratado y el retratista) y buena prueba de ello y de su evolución es la exposición que se puede contemplar en el Ayuntamiento de Logroño: ‘El rostro de una ciudad’ (Archivos Jalón Ángel y Payá, 1935-2000), en la que resulta fascinante asomarse a una selección de imágenes realizada por Jesús Rocandio y su equipo de la Casa de la Imagen en un trabajo en el que han buceado entre más de un millón de instantáneas. Uno de los apartados es el retrato y en la evolución a lo largo de décadas de trabajo de esta saga de fotógrafos se puede observar la forma en la que las modas estéticas cincelaban nuestro aspecto hasta congelar no sólo las facciones sino los pliegues del tiempo en el que fueron realizados los retratos. En la fotografía de la izquierda, de los años cincuenta, la delicadeza del artista moldea el rostro femenino hasta difuminar sus contornos con técnicas pictóricas como el ‘sfumato’ para lograr efectos casi vaporosos. Jalón Ángel era un maestro reconocido en toda España por la perfección y la calidad de su trabajo. A la derecha, la modelo desconocida se parapeta tras unas gafas de sol en un fondo ambiguo y una pose estudiada como si fuera una cantante de cualquier grupo de la movida madrileña. La mujer de la izquierda puede ser por su belleza Eva Marie Saint; la joven de la derecha quizás se preparaba para acudir a ‘Morrorock’ una noche de verano frente al Adarraga. # Este artículo lo he publicado en la sección 'La retina de la memoria', en Diario La Rioja

ANTES Y DESPUÉS, MARIANO

El periodismo de la cosa pública tiene matices asombrosos. Por ejemplo, en el telediario de la cadena global que venimos sufragando los ciudadanos desde el origen de los tiempos emitieron antes el desmentido de Rajoy que las acusaciones de Ricardo Costa, ex secretario general del PP valenciano, en las que manifestó ante el juez que el PP había pagado las campañas electorales de 2007 y 2008 «con dinero negro de empresarios contratistas de la Generalitat». El redactor jefe del informativo de TVE aplicó un criterio cronológico para dar relevancia ambas noticias. ¿Qué era lo último? ¿Las declaraciones de Mariano o la comparencia de Costa? Pues lo del presidente, como es natural. Así que abrió con lo más inmediato. Quedó un poco rara la cosa de Mariano contestando que no sabía nada de algo que nadie había dicho antes qué diablos era. La pirámide invertida convertida en un poliedro intemporal en el que la paradoja entre la causa y el efecto no tiene razón de ser. Alquimia pura, magia, los biorritmos hechos un disparate. Este fenómeno por el que se extravían las jerarquías de las noticias también acontece con profusión en las teles del poder autonómico, convertidas en carísimos gabinetes de prensa catódicos y radiales del gobierno de turno que es siempre el mismo, como sucede desde hace varias glaciaciones en Andalucía o el País Vasco, donde sus teles gravitan y excitan la noble causa folklórica de sus respectivos poderes territoriales. En Cataluña la tele de la ‘causa’ tiene más plantilla que la suma de las cuatro cadenas privadas que nos hacen la vida más fácil al conjunto de los españoles. Su concesión también fue a dedo, pero aunque le pregunten a Mariano sin paradojas temporales tampoco va a contestar. Para eso están Soraya y el CNI. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

GRAN SEÑORA DEL CANTE

Carmen Linares dejó un concierto como una joya, una especie de belleza sostenida en diferentes capítulos, tiempos y escenarios. Un relato de sí misma, de una dama del cante grande que ha marcado una época en el flamenco siendo absolutamente fiel a principios como su verdad artística, su búsqueda de caminos alejados de cualquier rasgo pretendidamente comercial, su coherencia y una elegancia que permanece inmarchitable como una primavera que no se retira nunca de los calendarios. Carmen, como diría el propio Miguel Hernández, es una mujer resuelta en lunas, una papisa del cante jondo, una voz que estimula la conciencia más íntima para pasear su conocimiento por los parnasillos musicales más cercanos a la felicidad. Su voz, mecida por años de escenarios y grabaciones, sutil, profunda y sin aristas, ha dado paso del vigor a un profundo estremecimiento que llegó a una singular cúspide cuando cantó el Niño Yuntero con esqueleto de malagueña y verdial, con el cante de Carmen completamente roto y entregado en un desafío al tiempo y a los espacios para lograr una pieza absolutamente conmovedora y precisa. Una de las joyas que nos fue regalando Carmen con el gran guitarrista Salvador Gutiérrez, que se estrenó en este ciclo el año pasado de la mano de Mayte Martín y que llegó ayer a Logroño con un compás absolutamente nítido en los trastes de su guitarra. Hubo bellezas como la canción de los vendimiadores, las soleá, los tangos de la Niña de los Peines con los que se presentó o la siguiriya precedida de la toná en la que bailó como una reina Vanesa Aibar, técnicamente perfecta, angulosa, con un providencial juego de manos, con aires casi griegos en su portentosa esculturalidad, y un afán muy moderno de movimientos en los que me pareció que se deslizaron ademanes y ecos de Israel Galván, inolvidable siempre por su magistral Edad de Oro que tanto nos hizo disfrutar con la voz de Fernando Terremoto hace unos años. Pero por la voz de Carmen Linares también afloraron otros poetas como Federico García Lorca o José Ángel Valente, uno de los escritores más recónditos de nuestra literatura, uno de esos olvidados por la infamia de la modernidad. Carmen lo cantó por las siguiriyas de su libro Nadie dedicado al hijo que murió del poeta : «Tú duermes en la noche sumergida... estás en paz. Yo araño las paredes de tu ausencia, tus cenizas y lloro sangre».

o XXII JUEVES FLAMENCOS . Cante: Carmen Linares (Verso a verso). Toque: Salvador Gutiérrez. Compás: Ana María González y Rosario Amador. Bailaora: Vanesa Aibar . Teatro Bretón de los Herreros (lleno). Apertura del ciclo. Jueves, 18 de enero de 2018. o Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

MARAGALL, SU SENIL SEÑORÍA

Este país será siempre nuestro, espetó el diputado más viejo de Parlamento de Cataluña en sus cinco minutos de gloria como presidente de la Mesa de Edad de la cámara autonómica. Ernest Maragall, de ERC, hermano de Pascual, ex consejero socialista de Educación en la época del funesto tripartito de José Montilla y, cómo no, funcionario a dedo del último alcalde franquista de Barcelona. Maragall ‘el viejo’ haciendo de la indignidad su última impostura: el discurso del odio hacia todo aquel que no se digne a pensar como como su senil señoría barrunta, a la vez que trata con inusitado desprecio y amargura a un diputado popular al que confundió su apellido de Martínez por Rodríguez. ¡Qué diablos más da si ambos son la misma cosa maketa! Ernest Maragall, con traje gris, camisa azul clarita (el azul mahón ya no se lleva, aunque lo tenga impreso en el alma) como la más pura expresión de la Cataluña que se inmola a sí misma. Los tópicos de siempre: «España no sabe ganar, sabe derrotar, solo sabe imponer, humillar y castigar». Las falacias que nunca faltan: «Los prisioneros políticos y el gobierno en el exilio». Todo en Maragall suena a viejo, a mente calcinada por su propia desesperanza y afán de supervivencia en lo público, esfera del Estado en el que ha encontrado acomodo desde mucho antes de la muerte de Franco hasta estos funerales de la Democracia que ofician sin descanso desde el violado Parlament. «Este país será siempre nuestro», escupe Maragall con la tinta negra que aún queda en sus uñas de su etapa de funcionario franquista a dedo del alcalde Porcioles, otro viejo que se columpió desde la Lliga Catalana hasta los más altos despachos de la dictadura. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

«Al musicalizar poetas como Miguel Hernández corres un enorme riesgo»

Carmen Linares abre esta noche (21 h.) los XXII Jueves Flamencos del Bretón con el toque de Salvador Gutiérrez y la danza de Vanesa Aibar

Regresa Carmen Linares a Logroño para abrir los Jueves Flamencos con el toque de Salvador Gutiérrez, la bailaoraVanesa Aibar, y los ecos de su último disco ‘Verso a Verso’, su homenaje a Miguel Hernández, uno de esos poemas por los que la cantaora siente en sus proipias palabras «una devoción especial e inagotable».
-¿Cómo va a ser el recital de esta noche?
-En primer lugar tengo que decir que regreso con enorme ilusión a Logroño y a este ciclo, que me parece una verdadera maravilla por el nivel y la seriedad de cada programación anual. Para este concierto voy a realizar una selección de temas porque además de presentar mi último disco ‘Verso a verso’ (un homenaje al poeta Miguel Hernández), voy a hacer un programa en el que hay otras muchas cosas más porque sé que el cante tradicional gusta mucho en esta ciudad. Además, viene con nosotros una bailaora extraordinaria, Vanesa Aibar.
-Resulta complicado escuchar a una cantaora joven que no la tome a usted como referencia personal y artística. ¿Le halaga?
-Como artista siento un orgullo muy profundo y además me da fuerza para seguir porque me doy cuenta de que muchos ojos están puestos sobre las cosas que hago. Yo he intentado siempre ser coherente con mi trabajo, con lo que hago y siento. La clave es ser fiel a mi misma y no engañarme. Siempre he tratado de que no se me fuera la cabeza y hacer cada cosa con los pies en el suelo. Además, cuando una persona lleva dentro su profesión y realiza las cosas con cariño y respeto cada paso es muy medido. Incluso así te puedes equivocar, pero también puedes extraer conclusiones positivas, aprender en todo caso.
-Enrique Morente decía que él iba abriendo puertas y que unas daban a sitios más hermosos que otros…
-Hay que buscar las cosas para encontrarlas. Enrique era magnífico en eso y su carrera siempre estuvo marcada por el riesgo y la coherencia. Cuando indagas y encuentras un camino que uno siente como real y que está dentro de la coherencia y la calidad que tiene el flamenco te das cuenta que como artista te enriquece al máximo.
-¿Le pasó eso con su ‘Locura de brisa y trino’?
-Es una obra esencial mi vida. Me sentí una verdadera privilegiada al saber que Manolo Sanlúcar compuso todo ese trabajo para mi voz. Quizás no tengamos la perspectiva temporal suficiente, pero ‘Locura de brisa y trino’ es un disco que dio un paso de gigante en la musicalización del flamenco. Manolo es un guitarrista y un músico excepcional.
-Su antología de la mujer en el cante está considerada como una de las obras fundamentales del flamenco contemporáneo…
-Llamó mucho la atención por muchas cosas, pero también por rescatar y colocar en una obra una buena parte de lo que habían hecho las mujeres en el flamenco. Logré reunir muchos cantes antiguos y el eco de muchas cantaoras de un carácter excepcional y muchas veces completamente desconocido para el gran público. Lo hice desde la admiración a todas aquellas artistas y, desde luego, aportando mi personalidad a cada uno de los cantes. No tenía sentido repetir su obra, tenía que hacerlos míos y dotarlos de mi propio acento. Todo siempre con el máximo respeto y devoción por todas aquellas mujeres tan excepcionales.
-¿Cree que hubo un antes y un después de su carrera tras la publicación del disco?
-Sin duda, me consolidó como artista y fue definitivo para consolidar mi trayectoria.
-¿No se corre mucho riesgo al poner música a poemas tan perfectos en sí mismos como los de Miguel Hernández o Federico García Lorca?
-El riesgo es gigantesco porque estar a la altura de esos poemas es muy complicado. En este último disco, por ejemplo en el poema de las vendimiadoras hay una parte primera obra de Luis Pastor que son como unos tanguillos y la segunda, al leerla, yo la imaginé por cantiñas. El resultado para que quede redondo ha de contar con la enorme musicalidad del poema y el carácter del propio cante. Yo me pongo al servicio absoluto de una obra que ya está terminada, que es perfecta en sí misma. Cuando intentas meter un poema con calzador en un cante eso no funciona. Por eso es necesario hacer una música específica para este tipo de letras. De ahí su enorme dificultad. En ‘Raíces y Alas’, con poemas de Juan Ramón Jiménez, tuve la gran fortuna de contar con la composición de Juan Carlos Romero, que es un gran compositor que además tiene especial devoción por la poesía. En ‘Verso a verso’, en el que yo he hecho la música de muchos temas, me he dado cuenta que había letras que le iban perfectamente a la bambera, a la soleá, a la bulerías por soleá.
-¿Cómo es el proceso? ¿Lee el poema y le aparece la métrica y el ritmo de cada uno de los palos?
-Voy leyendo y vas sintiendo la música. En Andaluces de Jaén me sugería una petenera porque el poema tiene un carácter y un sentimiento muy especial. Y queda redondo. En el disco, además, tengo la fortuna de que me acompañen artistas tan grandes como Arcángel, Silvia Pérez Cruz o la Casida del sediento, con la música de Luis Pastor. La realidad es que nos hemos puesto al servicio total de la poesía y eso es lo que hace que ‘Verso a verso’ funcione.
-También pasea ahora su voz por el jazz con Jorge Pardo…
-Bueno, yo no sé si hago jazz, pero trabajar con él siempre es algo extraordinario. Las cosas que hace son increíbles y ha demostrado que los caminos para llegar al flamenco son infinitos. Lo he admirado siempre, pero coincidí con él en un concierto benéfico, le escuché tocar una taranta como si fuera un cantaor y me quedé realmente asombrada. Yo hice una cartaginesa y hubo una conexión musical impresionante. A raíz de eso hemos colaborado mucho más y he disfrutado muchísimo. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

MELODIOSO POVEDA

Miguel Poveda se dejó el alma en Logroño ante un Riojafórum que prácticamente completó su aforo para recibir a un artista que en La Rioja cuenta con infinidad de seguidores y fieles que se identifican milimétricamente con todo lo que desarrolla como artista, aunque en su evolución canora se perciban matices nuevos y distintos en cada una de sus indagaciones estilísticas, unas más acertadas y otras menos. Miguel domina el escenario como pocos. En su trayectoria musical ha sabido desfilar por el filo de la navaja prácticamente desde que saltó a los medios con su prodigiosa intervención y victoria en el festival del Cante de las Minas. Su aparición en el largometraje de Bigas ‘La teta y la luna’ lo colocó en la rampa de un conocimiento social y artístico envidiable y su paso por Actual en 1994 tiene caracteres de legendario porque ofreció un concierto inolvidable en el que ya esgrimió buena parte de unas dotes musicales que lo han convertido en uno de los flamencos contemporáneos por excelencia, en una especie de faro para muchos jóvenes. Es un referente, un tipo que tuvo el coraje de grabar a principios de la pasada década un disco en catalán titulado ‘Desglac’ (Deshielo, en español) en el que Miguel se paseó por la lírica de poetas catalanes tan maravillosos como el mossèn Jacinto Verdaguer, Joan Brossa, Narcís Comandira o Gabriel Ferrater, entre muchos otros.  Aquel trabajo salió un año después de otra obra sumamente arriesgada como fueron los Poemas del exilio, de Rafael Alberti; un disco en el que ya había demostrado su pasión y su vocación poética, un perfil en el que no ha parado de ahondar y buscar desde aquellos años. Poveda habitó sus primeros territorios no estrictamente flamencos con aquellas indagaciones líricas; después, en 2009, lanzó otro disco crucial en su carrera: ‘Coplas del Querer’, en el que se lanzó a tumba abierta a la copla otorgando a este estilo un lenguaje muy personal en el que con su pianista de cabecera Joan Albert Amargós logró una simbiosis estilística y musical que ha marcado su estilo de una manera absoluta y total en los últimos años. En el concierto del domingo hubo dos partes bien diferenciadas: la primera absolutamente lorquiana con varios temas del nuevo disco que aparecerá en unos meses y la mollar del concierto con acusado acento flamenco. Poveda transita de la canción melódica con diferentes arreglos melódicos hasta convertir la Leyenda del Tiempo en una especie de himno coreado. Me gustó por soleá, que compartió en varios tercios con el Londro, un cantaor de voz profunda y noble. El concierto no pasó de discreto en cuanto al nivel de interpretación y cante, pero sería injusto no reconocer la máxima entrega de un artista de primerísimo nivel.

Concierto en Riojafórum
Solista: Miguel Poveda. Banda: Jesús Guerrero a la guitarra; Antonio Coronel a la batería; Paquito González a la percusión; Miguel Ángel Soto Peña ’Londro’, Carlos Grillo y Dani Bonilla, en las palmas y los coros y Joan Albert Amargós en el piano y la dirección musical. Lugar: Riojafórum (prácticamente lleno). Domingo, 14 de enero de 2018. Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

«Cataluña siempre ha sido un lugar maravilloso y abierto al mundo»

El cantaor badalonés Miguel Poveda actúa hoy en Riojafórum (20 horas) en un concierto que vendrá cargado de mucho flamenco 

 «Soy un artista insaciable, necesito sentirme vivo y me siento enemigo número uno de la monotonía», explica Miguel Poveda, que esta noche (a partir de las 20 horas en Riojafórum) vuelve a Logroño ante una de las aficiones que más le han arropado y respetado en su carrera artística.
 -Miguel, ya tiene usted la friolera de más de diez discos en el mercado, 30 años en la carretera y vuelve a La Rioja en un estado de madurez impresionante tras debutar a principios de los noventa en Actual con aquel maravilloso concierto en el Salón de Columnas.... ¿Cuántas cosas han cambiado?
-Muchas, indudablemente, la conciencia que tengo ahora y el compromiso tan firme no lo tenía entonces, en aquel Actual del 94 tenía ilusión, felicidad por cantar fuera de mis circuitos habituales, pero no tenía conocimiento de lo duro que ha sido a veces el camino y de lo que significa la responsabilidad de tener un lugar de privilegio en la música.
-En Logroño ha vivido recitales y conciertos memorables. ¿Cómo ha sentido la afición de La Rioja?
-Como la respiro en todo el norte de España porque es un público que me encanta. Aficionados al cante de toda la vida que tienen un respeto y elegancia en el comportamiento que hace crear magia en el teatro, al igual que las personas que se acercan sin prejuicios a escucharme con atención desde la curiosidad y el respeto.
-¿Qué supone cómo artista vivir cada día una evolución tan poderosa como la suya?
-Yo soy un artista insaciable, necesito sentirme vivo y soy enemigo número uno de la monotonía, me fascina descubrir rincones nuevos cada momento en la música, la vida y el arte en general; me exijo mucho y eso hace que me encuentre en constante crecimiento aunque en ese camino me equivoco muchas veces.
-¿Se siente referencia del flamenco contemporáneo?
-No me siento nada ni me gustan las etiquetas. Sólo soy un hombre que canta lo que siente y lo que necesita contar. La conexión y comunicación con el público es mi droga, ahondar en el alma de todos los que allí nos hemos congregado para intentar construir caminos de belleza y emoción a través del cante o la poesía.
-¿Cree que con la fuerza musical que tiene el flamenco en el mundo se le presta el sitio que merece en los medios de comunicación, especialmente en los públicos?
-Rotundamente no, siempre denunciaré la falta de interés y de ética para tratar nuestra música más rica y universal, los medios públicos tienen un deber con el arte y el flamenco es un arte superior
-¿Sigue existiendo algún tipo de complejo hacia el flamenco?
-Por parte del público no. Gente de todas las edades, geografías y condiciones sociales ya acude sin complejos ni prejuicios a los eventos de flamenco, tanto de baile, guitarra o cante. Quizás lo tienen algunos políticos o responsables de darle difusión o igual es que es el mismo desinterés total y absoluto por el arte en general
-¿Se considera más que cantaor flamenco ya que se ha trasladado a otras muchas músicas casi desde los inicios de su carrera?
-Soy un artista que su motor es la música en general, expresar, contar historias, yo las siento de igual manera cantando a Quevedo o los cantes mineros...
-¿Se arrepiente de algo que no le haya satisfecho como artista?
-Por supuesto, me arrepiento de muchas cosas, pero forma parte del camino, lo más terrible no es tropezar, es hacerlo repetidas veces con la misma piedra, ahí empieza lo imperdonable para mi.
-¿Como badalonés y catalán, cómo vive todo lo que está sucediendo en Cataluña?
-Con tristeza, asombro y muchas preguntas que me hago sobre el ser humano. Mi tierra siempre ha sido un lugar maravilloso, abierto al mundo, con una cultura admirable y así debe seguir siendo, con carácter de convivencia y respeto.
-El concierto de Logroño se plantea como en tres partes: poemas, flamenco clásico y canción andaluza. ¿No supone para usted un esfuerzo titánico transitar por tres almas tan exigentes?
-Todo esto ya forma parte de mi esencia. En el cante igualmente pasas de la tragedia a la alegría en cinco minutos. En esta ocasión solo haré dos partes y la de flamenco será la más extensa.


«Me cautiva, obsesiona y enamora Federico»

Miguel Poveda está en la recta final de su último trabajo discográfico: «Me encuentro en la recta final de este trabajo que se llama 'EnLorquecido' y que tenemos intención de sacar entre mayo y junio de este año. Además, irá acompañado de otro disco con el que celebro mis treinta años en la música y que recoge algunos de los cantes más tradicionales, además del de Federico García Lorca». El cantaor barcelonés, que incluso tiene grabados discos en catalán y que ha coqueteado con otros mundos artísticos como el cine (grabó con Bigas Luna el largometraje 'La teta y la luna') siente una especial querencia hacia la figura del poeta granadino Federico García Lorca: «Me cautiva, obsesiona y enamora Federico; es algo muy profundo lo que siento con su literatura». Miguel Poveda, además, reconoce que tiene muy presente el recuerdo de Enrique Morente, un artista hacia el que siempre ha demostrado una admiración por su capacidad creativa y su talento personal. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

LOS QUE TIENEN ARTE

Foto: Lorena Muñoz Limón
Tiene Ezequiel Benítez algo de niño de revoltoso en su mirada cristalina. Lo tiene también cantando las bulerías del Chaqueta en su imponente versión de la inmortal María Dolores; y por alegrías gaditanas, tamizadas por el resol de las tardes jerezanas de esa tierra de nácar que le llaman albariza. Hay algo conmovedor en su cante y cuando le pidieron la siguiriya –yo no me atreví– se retó a sí mismo con el eco de su barrio de Santiago para dibujar un cante flamenquísimo, dotado de un nervio y un compás inimitable. Ezequiel Benítez, cantaor polisémico, abierto a cal y canto, abandonada toda impostura, conoce el flamenco al puro dedillo y destiló su garganta en uno de esos cantes cruciales con los que un artista es capaz de marcar su territorio. No por fandangos; no. Se asomó a la siguiriya sin anestesia, doliente, crujiente y dolida. Hubo caramelo en los tercios más profundos y escarcha de las nubes cuando se tiraba por todo lo alto mecido por el toque de Juan León, un jovencísimo guitarrista del Puerto de Santa María que afila los dedos para sonar muy puro y muy nuevo a la vez. Es lo que tiene los que tienen arte. Ezequiel con su voz melismática y un punto metafísica y Juan León, con varias falsetas de sutilísima belleza, desapegado por completo a cualquier barroquismo o de comprender el toque como un mero ejercicio de estilo o puro refinamiento. Juan sostuvo el cante de Ezequiel desde los tientos iniciales o una soleá algo más plana de lo que el resto del repertorio deparó. Pero las cumbres llegaron por la bulería deletreada que era una especie de laberinto silábico complejo como una ecuación de grado decimonono. Y explosionó el jerezano con ese compás que parece imposible por improbable, inalcanzable por perfecto y único como el oloroso o el palo cortado. Cante que sabía a vino de Ontañón y a su mítica colección de pinturas y esculturas de Miguel Ángel Sáinz, que asistieron con asombro al particular evento. Flamenco en las bodegas, los taninos como locos con el compás inmemorial de los que saben cantar y los grandes aficionados a escuchar las delicias que fueron deparando Ezequiel y su banda, como los fandangos del escopetón, tan revoltosos como de mente ligera. Hay cantaor en Ezequiel, con prestancia de Buda del flamenco, con su voz filamentosa y la barba rubia acariciando la cara como una ensoñación con el dios Baco detrás contemplando el asombro del cante bueno que es capaz de transportarnos en un segundo de la pena más honda a la alegría más irreverente del ancho mundo. Es lo que tiene el cante, que nunca sabe uno lo que el destino le va a deparar.

o XXII JUEVES FLAMENCOS DEL TEATRO BRETÓN.  Cante: Ezequiel Benítez. Toque: Paco León. Compás: Miguel Téllez y Noé Barroso. Primer concierto del ciclo (fuera de abono). Celebrado en Bodegas Ontañón de Logroño (lleno). Jueves, 11 de enero de 2018. Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

UNA VEZ ME ENTRÓ UN TÍO

Una vez me entró un tío. Fue en un bar, después de un concierto. Sólo recuerdo que era muy alto. Se me quedó mirando a los ojos a un centímetro de mis narices; yo apoyé el culo en la barra y me protegí agarrando el gin-tonic colocándolo en mi pecho a la altura del esternón. Me susurró algo al oído y traté de quitármelo colocando mi mano derecha en su hombro. Una amiga, muy guapa por cierto, se dio cuenta de inmediato de lo que pasaba y utilizó sus armas de mujer para disuadir al pesado, que no tardó ni medio minuto en rendirse, pedir disculpas y desaparecer. Me sentí paralizado, pero más por lo extraño de aquella situación (completa e inesperadamente nueva) que por el despliegue cinegético del cazador. Mi amiga me dijo que estaba muy acostumbrada a dispersar moscones, ligones de barra y truhanes de ocasión. Cuento esta historia porque parece que la seducción está bajo sospecha, que cualquier hombre es un violador en potencia y que el nuevo puritanismo, que ha caído a plomo como la nieve en el último temporal, quiere hacer tabla rasa y hasta prohibir la galantería. Me gustan los piropos, si no los frecuento más es por mi falta de ingenio y cobardía y porque hace décadas que ando retirado de las lides amatorias ocasionales. Entiendo que puede haber plastas, inútiles, incapaces; tipos sin gracia, brutos y hasta maleducados, pero de eso a criminalizar por sistema las estrategias del ligue va un mundo. Al día siguiente de aquel inesperado lance esbocé una sonrisa y me sentí hasta halagado por aquel solitario y cansino caballero. Llevar hasta el extremo ridículo situaciones que surgen de nuestra impronta humana va a convertir la sociedad que habitamos en un laberinto sin alma y las mujeres son perfectamente capaces de defender su territorio. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

«Busco cada día saltar más hacia ese abismo interior del yo auténtico»

Ezequiel Benítez, con el toque de Paco León, abre hoy (20,30 h.) los XXII Jueves Flamencos en Bodegas Ontañón 

Ezequiel Benítez (Jerez de la Frontera, 1979) tiene en el cante la gran pasión de su vida y explica que el flamenco, más que cantarlo, hay que decirlo: «Cuando yo le digo a alguien que le quiero no se lo digo cantando. No musicalizo demasiado ese te quiero para no alargar las sílabas y que no llegue un momento en el que no te acuerdas si te ha dicho te o te ha dicho quiero. Y yo como cantaor de Jerez soy más de llegar al corazón en un momento, de que te aborde la historia cuanto antes. Ésta es mi forma de cantar. Yo reconozco que hay gente que le gusta más el lirismo. Y me parece perfecto, pero ésta es mi forma de sentir y nunca voy a renunciar». Así explica su concepto Ezequiel Benítez, esencia pura del jerezano barrio De Santiago, que esta noche a partir de las 20,30 horas abrirá en Bodegas Ontañón la XXII edición de los Jueves Flamencos.
-¿Se siente más feliz en esta orilla del cante?
-Tengo las dos almas, pero defiendo esta parte que cada vez se hace menos, porque aunque pueda parecer extraño al ser como la más corta, la realidad es que es mucho más compleja.
-¿Cómo fueron sus inicios en el cante?
-Yo nací en una familia de absoluto aliento flamenco y cantaor; aunque de manera profesional solo cuento con un tío mío que hizo vida en Barcelona. Mi padre es un gran estudioso del flamenco que ha dedicado buena parte de sus vida a este arte y que ha estado detrás de muchos artistas. Ésa ha sido una gran suerte para mi porque lo he tenido desde niño en mi casa. En ese sustrato me di cuenta de que quería ser flamenco y por mi cuenta me iba a los sitios a cantar. Mi padre comprobó que mi afición era verdadera y comenzó a ayudarme y enseñarme durante varios años de aprendizaje y concursos.
-¿Marca tanto en la forma de expresarse como cantaor el hecho de nacer y desarrollarse en Jerez?
-Puede ser, pero yo siempre digo que mi meta es encontrarme cada vez más a mí mismo y eso supone hallar al cantaor más natural posible; quiero cada día saltar más hacia el abismo y ser capaz de descubrir en mi interior cosas nuevas sin tener prejuicios sobre el qué dirán. En el flamenco te puedes encontrar con sensaciones realmente cuando te olvidas de todo lo demás. Es decir, que salga el alma, el yo verdadero que está dentro.
-Parece una empresa difícil, casi imposible, porque muchas veces de la sensación de que se buscan cantaores que recuerden voces del pasado. Cuando se dice: éste canta por ‘El Borrico’, por Sordera....
-Siempre he tratado de ser yo mismo. Una de las cosas que más me gustan es cuando me dicen que Ezequiel no se parece a nadie. Creo que eso no se aprende, eso es una cosa que la llevas impresa en tus genes desde el nacimiento. En mi caso yo le doy las gracias a Dios todos los días porque es muy hermoso que alguien escuche tu cante y sepa que eres tú. Eso no quiere decir que no haya aprendido de otros, todo lo contrario, hay cantaores que me entusiasman como Tío Borrico, Manuel Torre y tantos otros.
-¿Escucha más allá de Jerez e incluso más allá del flamenco?
-Me gusta mucho la música cubana, el pop, la clásica. Para un artista es una suerte vivir en una época repleto de medios para escuchar otras músicas. Y ahora, que están muy cerquita ya, todo lo que tenga que ver con los carnavales de Cádiz.
-¿Qué es lo que cree que define la forma de hacer el cante de Jerez?
-Lo escuchas y lo sabes. Quizás sea ese deje que tenemos a la hora de pronunciar, pero es muy enriquecedor que cada ciudad y cada pueblo de la geografía del cante flamenco tenga su propio sello.
-¿Esa técnica que se materializa en una forma de cantar determinada está por encima de lo que a uno le sale de dentro?
-La técnica no la sentimos. Está ahí, pero surge. Tu aprendes de escuchar a uno y a otro. Como que se traslada y la adaptas a tus propias cualidades. El ensayo para hacer una escala de una forma determinada no existe en el flamenco. En el cante uno cuenta su causa y yo tengo mi causa y la cuento. El noventa por ciento de lo que canto son letras compuestas por mi padre o por mí mismo. No me gusta echarle cuentas a la técnica, porque acaba saliendo sola de tanto cantar, escuchar y prepararte. Dios te da unas cualidades y si tú las trabajas acabarás cantando mucho mejor. Yo soy un cantaor que se ha encerrado muchos años en el cuarto pero no por buscar la técnica, sino por el amor que siento hacia el cante. He llegado a ensayar hasta nueve horas diarias sin sacrificio. Y lo que está claro es que siento que soy capaz de hacer cosas con la garganta imposibles de conseguir si no hubiera trabajado tanto. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

MISERABLES BALANCES

A veces me pregunto en qué consiste ser periodista. Si merece la pena (o mejor dicho, si es lícito) coger un micrófono y metérselo en la boca de la madre de ‘El Chicle’ para saber qué diablos piensa de su hijo. No estoy muy seguro si los lectores nos piden que nos introduzcamos en las entretelas de la muerte y el dolor ajenos y divaguemos indecorosamente sobre la relación que mantenían los padres de la desafortunada Diana Quer, sus amistades, sus desamores, sus desencuentros. La conmoción que genera en la sociedad un caso tan brutal como la violación, el asesinato o la desaparición de una joven lo convierten algunos medios concretos en un circo sin límites donde parece que todo delirio esté permitido. Quizás los periodistas nos hayamos convertido en traficantes de basura porque la sociedad nos lo pida: somos carne infecta de cañón y lo hacemos para dar pisto a un público buitre que nos demanda sangre cada día. Somos lo que somos porque no nos queda más remedio. Puede ser verdad porque si no lo haces tú viene otro y se acabaron los problemas mientras las teles siguen devorando este tipo de asuntos en una madeja interminable de culpas, delitos y odios. Valores y derechos como la presunción de inocencia, el respeto a la intimidad o la salvaguarda del honor yacen pisoteados debajo de un porcentaje de share, que es la forma en la que los ejecutivos mediáticos transforman el periodismo en una mera cuenta de resultados, en un balance miserable. Obviamente, hay que ofrecer información de este tipo de acontecimientos, tratar de indagar, buscar, preguntar... Es nuestra labor, pero de ahí a burbujear en el sofisma y los arrabales de tanto dolor y tanta desesperanza no hace nada más que hundir en el lodo nuestro oficio. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja