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Mostrando entradas de febrero, 2017

PAREZCO RAJOY

No sé qué me pasa últimamente pero siento como una especie de languidez que me penetra por el costado, se enrosca a la columna vertebral y se deposita en mi cabeza más o menos a la altura de dónde dicen que brotan las ideas. En mi caso, donde brotaban, porque aunque me he considerado siempre más ingenuo que genio, de vez en cuando alguna ocurrencia se precipitaba entre las rendijas somáticas de mis hemisferios. Pero ya no, ya no se me ocurre nada. Estoy más perdido que Sabina con sus musas con varices; más desconfiado que José Ignacio Ceniceros con sus compañeros de partido y más despiadado con mi porvenir que el futuro de Errejón en el muy íntimo círculo de poder de Pablo Iglesias. Los precipicios no me escandalizan porque camino por la sima de los vacíos, como Zapatero con zapatillas sentado con el hipócrita Maduro en chándal. Portadón de ‘Abc’, por cierto; portadón y papelón de José Luis Rodríguez, que cuando no es inspiración de Susana se convierte en tormento de un Sánchez que a…

AQUÍ NUNCA PASÓ NADA

La casa de aperos como síntoma de lo fútil que es la política riojana. No son aperos, mi señor Don Quijote, que donde usted cree ver azadas, azadillas, azadicos, zachillos garbanceros, guadañas, zurrones o bieldos, en realidad dicen que le ha soplado un fiscal a otro que no han levantado por lo bajini un señor chalé, con amplios dormitorios, solarium, jardincitos y hasta aseos con agua caliente, bidés varios y alicatados de los que quitan la respiración. Vieja historia en La Rioja, sonidos resabiados y ecos rancios de una época no tan lejana que no quiere extinguirse o que no quieren que se muera. Y al fondo del pasillo de la hiperbólica casona de Villamediana –que me recuerda al fortín de Ben Laden en Abbottabad– el próximo congreso regional del Partido Popular, con el dueño del susodicho chalet en el vórtice del huracán y en las grotescas portadas de los papeles de la ira de Madrid. Ahora, con el debate de la alta política del siglo XXI, que consiste en discernir el ir y venir de l…

NO BUSQUEN CERTIDUMBRES

Es invierno. Aprietan los aires revueltos. El frío se encarama por los tobillos prietos, por la taleguilla y como un caracol se introduce por la espalda breve y las costillas recompuestas de tantos palizones. Manos de fibra, dedos cincelados, de hueso duro pero de yema táctil como la nata, como las muñecas antiguas que se retuercen cóncavas y convexas para fusionar cada célula del hombre con la urdimbre inconsciente de las telas. Son dos arquitecturas microscópicas, dos eslabones perdidos que cuando se fusionan describen una gramática que supera al silencio y al tiempo para rescatar de los anaqueles más remotos las huellas de una manera de hacer que se escabullen en el compás más profundo de los viejos maestros. Me gusta imaginar cómo entrena Urdiales en las mañanas grises de invierno. Cómo estira su capote y lo mece sin temblor entre las caderas ateridas con el tranco imaginario del toro que en ese momento le acontece. Hay toros invisibles que disimulan que lo son pero Diego los ve …

SUICIDIO

Que se desplome la Casa del Cuento tiene algo poéticamente seductor, más allá de lo pomposo del nombre y de lo que pueda dañar a las siempre ávidas arcas municipales. En Logroño somos peritos en casas, tenemos la de las ciencias, la de los periodistas (nótese el plural de ambas), la de la imagen, la de Andalucía, la de la danza y aquella de las tetas, que recibía el apelativo popular por las muchas cariátides en cueros que sujetaban balcones y adornaban ventanas y que a la postre quedó en el arcén del olvido de la inquieta piqueta logroñesa. La ciudad ha acribillado buena parte de su patrimonio sin complejos, por esa absurda creencia en el progreso de tabula rasa, de tierra quemada. La Casa del Cuento, nombre grotesco donde los haya, creo que ha tomado la sabia e inapelable decisión de suicidarse. Violada por dentro, sujetaron su piel a base de una suerte de andamios que la hacían volar y permanecer como si no hubiera pasado nada. Ella se sabía disecada, congelada en el tiempo y quer…