YO, MI, ME, CONMIGO

Pablo Iglesias tiene un problema muy serio con Pablo Iglesias. Yo, mi, me, conmigo; siempre él, constantemente rodeado de una cohorte de aduladores chiripitifláuticos o estrafalarios que ríen sus gracias o desgracias con las que quiere no sólo convertir el hemiciclo en el de club de la comedia, sino enjalbegar la enorme falacia que ha demostrado ser desde que apareció fulgurantemente en la vida pública española con un partido que como logotipo tenía su carita. Algo así como el PNV, que transformó su bandera, su himno y hasta su policía política en los símbolos de su propio país. Iglesias cometió un error histórico cuando tuvo la posibilidad de formar gobierno con el PSOE; pero lejos de buscar el diálogo y el consenso con el partido (ya muy roto) de Sánchez y Luena, se pasó de frenada y exigió para sí la vicepresidencia y no se sabe cuántas regalías más. Su torpeza nos llevó a las segundas elecciones y, obviamente, a su fracaso electoral y al desastre de una izquierda que él no puede, ni debe, ni sabe capitanear más allá de las palabras huecas, de los eslóganes y de sus absurdas gracietas de delegado de clase en la cafetería de la ‘facu’. El gran drama de la izquierda española es que se ha dejado secuestrar por sus ínfulas: primero se tragó a IU, de la que ya sólo queda Garzón como una confluencia más de Podemos; y después a buena parte de un PSOE que ha adoptado esa especie de pose antisistema de Iglesias y que le está conduciendo no sólo a una pelea interna brutal sino a perder gran parte de la esencia de un partido que es sistémico porque fue uno de los pilares sobre los que se ha construido la España actual. Yo, mi, me, conmigo insultó ayer a todos los parlamentarios, hizo chistes, gracietas y demás faramalla. Se rió una vez más del PSOE, levantó su puño, adulóse…, mas no dijo nada. Sólo el yo, mi, me, conmigo que corearon sus señorías podemitas y algún cronista. # Este artículo lo he publicado en Diario LA RIOJA

PALOMAS MUERTAS POR LAS RAMBLAS

A pesar de la sentencia de Tribunal Constitucional de ayer en la que se anuló la decisión del Parlament de prohibir los toros en Cataluña, las corridas de toros no volverán a la Monumental ni a ninguna de las plazas de toros que quedan todavía por allí. No hay nada que hacer. La señora Ada Colau, la misma que destina más de 400.000 euros para sacrificar a miles de inocentes palomas barcelonesas, ha dicho claramente que no va a permitir matanzas de toros porque la sociedad a la que ella representa es históricamente muy avanzada. Todo el mundo sabe que no es lo mismo un toro que una paloma, aunque sea de Picasso, que también pintaba toros y palomas, esas ratas del aire con alma de torcaces que tan poca compasión despiertan en la señora Colau, alcaldesa que ha escrito un tuit en el que asegura que no volverán los toros a su ciudad, «diga lo que diga el TC». El animalismo de Colau es comparable al de Rufián o al de Garzón o al del diputado del PSC Jordi Terrades, que ha declarado que «acompañarán al Govern» en la búsqueda de fórmulas jurídicas que «hagan imposible que vuelvan las corridas de toros a tierras catalanas». Y en ese imposible cabe todo lo imaginable para que el dueño del coso barcelonés ni se atreva a soñar con llamar a José Tomás (y dos más) -por ejemplo- para devolver los toros por derecho a una ciudad a la que se los extirpó no por cualquier cosa que mínimamente tuviese que ver con el respeto a los animales, sino por ser un símbolo de España, de esa misma España de la que abominan y sueñan con destruir. Cada día en Barcelona mueren miles de patos, palomas, cerdos y gallinas, pero no le importa absolutamente una higa a nadie, como los correbous, a los que no prohibieron porque no eran tan españoles como las corridas. No habrá toros, ni ley; pero habrá miles de palomas muertas por las ramblas a los pies de la señora Ada Colau. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

AFICIONADO INSIGNE

De igual modo que escribió Mariano de Cavia, el gran ‘Sobaquillo’, y haciendo mío uno de sus célebres despejos, tengo a gala proclamarme caballero en un jamelgo, a guisa de alguacilillo, entro en la arena, saludo, tomo la palabra y digo: el presidente que fue pero que lo sigue siendo –aquí de la cosa única, amén de parlamentario en la antigua tabacalera– y en Madrid segundo timonel con rango senatorial, acaba de ser nombrado por la reales huestes del más taurino alcanfor ‘Aficionado Insigne’. Premio Nacional ‘Cossío’, nada más y nada menos, para don Pedro María, del que cordialmente les gloso el variopinto relato de sus logros conseguidos para la insigne fiesta del riesgo. Las vacas en Igea recorren sus callejuelas y rematan su resuello en una plaza que por nombre lleva –¡oh cielos!– el de don Pedro María, al que cada año contemplamos, desde un portal refugiado, lanzar valerosos pescozones a la indómita grey bravía. A veces baja a Rincón al toro de San Miguel donde bien es cierto que puso en riesgo su piel y una vez tomó un capote como si fuera un mandil en una fiesta cañí de su tropa más pueril. Aficionado conspicuo es; seguro que distingue un volapié de un par a la remanguillé. Y se sabe al dedillo que los toros de Lesaka bajaron desde la agreste Navarra y que una vez tomado asiento a orillas de Guadalquivir dieron renacimiento a los procaces saltillos. O aquellos dos presidentes del logroñés redondel a los que despojaron de sus pañuelos por orden gubernamental y fueron sustituidos por otros dos de Las Ventas para solaz general. Premio Nacional ‘Cossío’ para don Pedro María; ‘Aficionado Insigne’ para su señoría. ¡Olé, olé y olé!, qué bella fiesta la brava, qué reluciente fortuna para un arte inmemorial al que los políticos usan para su bien personal. A la izquierda, a la derecha, en redondo o al natural, todo me parece poco en un mundo tan floral. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

OPORTUNISTAS

El político es oportunista por naturaleza; la esencia misma de la cuestión ha generado personajes con una capacidad, se diría que asombrosa, para carecer de cualquier identidad asentada e intercambiarla por la que proceda en el momento que las circunstancias así lo aconsejen para su crecimiento personal. Sánchez fue la baza de Susana Díaz cuando ésta se temía que el PSOE podía girar a la izquierda si Madina llegaba a la Secretaría General del partido. Pero Sánchez buscó su espacio y comenzó a abandonar aquella posición inicial poco a poco hasta repeler a la nomenclatura socialista clásica (incluido Madina) por su alocada búsqueda de apoyos para llegar a la Moncloa. Lo hizo primero con el ‘Pacto del abrazo’ con Ciudadanos y las malas lenguas aseguran que estaba preparando una especie de ‘Frankestein’ de partidos con Podemos, sus confluencias y los nacionalistas catalanes de la mano de Iceta, que parece empeñado en llevar al PSOE al último de los cataclismos que nos queda por ver. Sánchez intercambió posiciones como Santi Vila, conseller de Cultura de la Generalitat, español sobrevenido (culturalmente) pero independentista catalán no por nacionalista. No, sino porque dice que «hay una atrofia de organización y reparto de poder del Estado que ha provocado que Cataluña se sienta incómoda. Hay un reparto económico injusto y político distorsionado que disloca». Vila tiene hasta un premio taurino, el que le concedió la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña ‘A la defensa de las libertades’, por su inequívoco posicionamiento a favor de la pervivencia de la tauromaquia. Pero lo hicieron consejero y cambió, y se olvidó de aquello y de lo que fuera menester olvidarse: «Hoy en día se impone una nueva espiritualidad que tiene que ver con la vida en general y que es respetuosa con los animales», ha dicho el pajarito. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

MORIRME

Sé que cada día estoy más cerca de morirme y me atormenta la certidumbre que me acompaña de saber a ciencia cierta que he vivido ya más –b...