RAJOY ES LA OMISIÓN

Valle Inclán describió en su esperpento a España como una deformación grotesca de Occidente. Pero la realidad es que los acontecimientos bufos y absurdos que nos acompañan cada día superan de largo aquella visión variopinta y estrambótica de Valle para llegar a cotas insuperables, surrealistas y crueles como que el nieto de Franco (llamado Francis Franco) esté acusado de huir a gran velocidad de la Guardia Civil por pistas forestales y carreteras secundarias y embestir después con su todoterreno a un coche patrulla y darse a la fuga. Franco atentando contra el Benemérito cuerpo y el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz envuelto en un vidrioso asunto de espionaje con el CNI sobre Oriol Junqueras. Las cloacas del Estado destilando hedor en cantidades industriales unos días antes de uno de los comicios más importantes y complejos de la historia de la Democracia española, ya no tan joven, pero vilmente pisoteada una y otra vez por los que han jurado honrarla y defenderla. Pero como estamos en España, todo puede ponerse mucho peor, ya que Rajoy dice que se enteró ayer pero que tomará medidas mañana, la misma frontera temporal en la que parece haberse instalado desde que llegó a la Moncloa. Para Mariano el mañana es un día que nunca llega mientras el país va descosiéndose a sus pies entre la negligencia de unos y la cara arrobada de todos los que dependen nominalmente del despacho más noble de la sede de Génova. Por acción y especialmente por omisión; Rajoy es la omisión, la hipérbole del ‘dontancredismo’ convertido en un raro fenómeno nihilista en el que se niega la acción, el hecho mismo del gobierno para adaptarse con piel de cordero a una situación casi imposible de describir aunque se refleje en los espejos cóncavos y convexos del Callejón del Gato. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

EL DIABLO SE HIZO FRAILE

Es posible que no sepa de mí mismo nada más allá de lo meramente innecesario. Siempre hay como un temor a lo que nos pueda suceder a pesar de que no sepamos nunca ni el cuándo ni el cómo ni lo que nos va a costar. Es como si el diablo, harto de carne, decidiera hacerse fraile; algo muy similar a lo que ha tramado Pablo Iglesias, que ha abandonado a Lenin por Kerenesky siendo a la vez Trosky y Ramón Mercader, moderado y radical, alfonsista de ‘Alfon’ y bodalista de ‘Bódalo’. Se ve presidente y sabe que el camino hacia la Moncloa pasa por la apariencia de moderación, por convertir su coleta morada en neoclásica voluta cincelada en aglomerado y contrachapado de Ikea. Iglesias susurrándole a Pedro Sánchez es algo así como contraponer la depravación de los sentidos a la imagen del temor a Dios. Por lo bajini le decía Pablo a Pedro lo que tenía que hacer, en un silencio esfumado de catedral gótica. Mientras tanto Pedro seguía en su ofuscado e inverosímil relato de alternativa a un Rajoy que pasaba las horas jugando su partida de mus en un casino de Pontevedra, conversando sobre las meigas, la bolsa y el partido de mañana como un personaje del bosque animado de Wenceslao Fernández Flores. Y cómo le temblaban las piernas a Mariano con los papeles de Bárcenas que le llevó convertidos en ‘santa forma’ de cartón pluma un Albert Rivera que parecía sacado de la televisión búlgara, estallando los focos y con tres cariátides que apenas preguntaban en una sucesión de monólogos de extravagante asiento. Todo estaba estudiado, los asesores áulicos revoloteaban cada candidato en órbitas concéntricas; Campo Vidal orbitaba a los candidatos, a los asesores y a las cariátides moderadoras. Todo el panorama emboscado en una espesa atmósfera, en una neblina de humo de tabaco sin cigarrillos, en una especie de nocturnidad sin talento. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

LA ENCRUCIJADA SOCIALISTA

En las próximas elecciones asistiremos a un acontecimiento inimaginable en la historia de la Democracia Española. Por vez primera, el PSOE acudirá a las urnas no con la intención de ganar y formar gobierno, sino con la necesidad vital de mantener su hegemonía en la izquierda y evitar el adelantamiento de la unión electoral de Podemos (y sus incontables mareas y afluentes) e IU, que ha cambiado la hoz y el martillo por un corazón multicolor más que hortera. La desazón que provocó la deriva hacia ninguna parte del socialismo ‘zapateril’ (madre máxima de todo este caos) ha sido uno de los principales caldos de cultivo para vaciar al PSOE de casi todas sus respuestas, de los referentes históricos que lo hicieron esencial como motor de la transformación de España. Y es que mucho más allá de la corrupción andaluza –dos ex-presidentes y un innumerable catálogo de altos cargos encausados–, la pérdida de la identidad socialdemócrata y nacional ha sido la que ha convertido a esta formación en un partido alejado de cualquier posibilidad de gobernar y con la izquierda antisistema comiéndole escaños a una velocidad vertiginosa. Si se produce el llamado ‘sorpasso’, Pedro Sánchez dimitirá, y si logra menos escaños que en la anterior convocatoria, no le quedará más remedio que entornar la puerta e irse. El PSOE está en una encrucijada que coincide con un momento realmente extraordinario y complejo para la propia Democracia Española. No me puedo imaginar que desde la calle Ferraz se apoye un gobierno presidido por un oportunista como Pablo Iglesias. Ahora bien, tras entregar Madrid, Valencia y Zaragoza a Podemos cualquier cosa parece posible. Quizás Sánchez lo sepa y por eso ha colocado a su lado a Margarita Robles, que acaba de decir que a los de Podemos «no les dejaría ni las llaves de mi coche». # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

¡VIVA EL CALIMOCHO LIBRE!

Como no tengo costumbre de pensar, escribo. De hecho, escribir (en el mejor de los casos redactar) me sirve para ordenar las cuatro ideas (preconcebidas) que tengo sobre las cuatro cosas que me interesan y extraer mis propias (y peregrinas) conclusiones. Por ejemplo, no me gusta el calimocho pero sí el gin-tonic. Y cuando me tomo un -de ciento y viento, no se crean- me gusta que tenga una ginebra rica y buena y su tónica de categoría, que le pongan dos o tres pececillos de hielo y que acaricien la copa con su limón fresco y amarillo chillón. Y ahora me cuestiono con esta polémica de la ruta calimochera de la Fer por qué diablos a las personas que les gusta el calimocho tenemos que condenarlas a una cola estandarizada y a un vino regularcillo, a una especie de vaso de plástico y a un cutre bar para que el pegajoso líquido resultante al caer al suelo se pegue como un chicle al rodamiento de nuestro calzado. Una vez estuve con un bodeguero sublime que elabora un vino que enamora el alma y de la mano de un inmenso chef se marcaron al alimón cuatro calimochos con un vinazo de guarda, de óptima maduración, de esos que contienen el invierno, la primavera y el verano en su lágrima algo menos que transparente. Le echaron el hielo (unos cuantos) y después la Coca-cola. Olieron, movieron la copa y se la bebieron. Se quedaron tan panchos. Yo allí, abrazado a mi gin-tonic como si fuera un bebé haciéndome trascendentales preguntas ante lo que acababa de ver con ojos de canguro. ¿Era lícito manchar un vino como aquél? El bodeguero y el chef no se preguntaban nada, bebían el calimocho de vino top, sonreían y volvían a beber con los pececillos de hielo convertidos en recuerdos. Yo seguiré bebiendo gin-tonics y me parece de lujo que se hagan los mejores calimochos del mundo con vinos de finca o de pago. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

MORIRME

Sé que cada día estoy más cerca de morirme y me atormenta la certidumbre que me acompaña de saber a ciencia cierta que he vivido ya más –b...