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Mostrando entradas de diciembre, 2015

SÁNCHEZ SE LA JUEGA

Hoy voy a empezar esta columnita navideña con una obviedad: Podemos no ha ganado las elecciones (aunque lo parezca). Es inobjetable que ha logrado un extraordinario resultado en el que no conviene olvidar que hay que sumar a las amalgamas electorales que tienen en Galicia, Cataluña y Valencia, sobre las que Pablo Iglesias no posee ese poder absoluto con el que arrasó desde Madrid a la primera ejecutiva riojana, laminada y expulsada al frío glacial de la disidencia. Podemos va a contar con varios grupos parlamentarios en el Congreso y con cuatro cabezas dispuestas a merendarse en dos días a Pedro Sánchez por la mañana y a César Luena minutos después, si es que deciden lanzarse a formar un gobierno conjunto de la cosa de la izquierda. Sería una coalición endemoniada, con PSOE, Podemos, IU y algún estrambótico socio más (tipo ERC), que tendría consecuencias imprevisibles, entre ellas la destrucción absoluta de un PSOE raquítico y dependiente de los más radicales para conformar un gobier…

Doriyaki del alma

Todo puede cambiar alrededor de un sencillo bollito japonés llamado Doriyaki, un bizcocho pequeño y redondo relleno de un dulce de judías llamado 'anko' que transformó para siempre el alma de Sentaro, un pastelero que no le gustaban sus propios dulces y que descubrió la razón más íntima de la vida gracias a una anciana llamada Tokue, que le enseñó que cocinar es mucho más que poner en práctica una receta con más o menos tino. Éste es el humus de 'Una pastelería en Tokio', una película japonesa dirigida por Naomi Kawase, en la que la cuestión gastronómica recorre como una columna vertebral un argumento que se desliza a través del alma de Tokue, su durísima historia personal y ese amor insondable con el que elaboraba el 'anko' para transformar una sencilla pasta de judías en algo extraordinario, en un viaje infinito a los sabores y al encuentro del corazón del propio producto, tan sencillo, tan pobre, tan delicado. Sentaro compraba el 'anko' precocinado y…

FORTITUDE

A veces creo que vivimos en Fortitude, en un formidable mundo construido a base de realidades paralelas y apariencias a través de las cuales las mentiras van deslizándose entre nuestras neuronas para encontrar ese falso acomodo que tiene que ver tanto con la insatisfacción como con nuestra pereza. Celofán, maniquíes, globos, plásticos y tubos de madera utilizaron a mansalva los estrategas aliados en la operación Fortitude para confundir a los generales nazis y ocultarles de todas las maneras posibles que la invasión no iba a ser en las playas de Normandía. Se inventaron divisiones con miles de tanques hinchables, aviones, tropas inexistentes, generales de pacotilla, soldados invisibles, cañones de cartón piedra... Todas las mentiras eran lícitas para confundir al enemigo. Ahora, en plena campaña de rapiña, la operación Fortitude se vuelve a multiplicar hasta límites infinitos de acostumbradas mentiras, de retóricas huecas de los candidatos de esa voluntad que indefectiblemente desemb…

KIRO VUELA ALTO

La sensación que voy a tratarles de describir la he tenido en contadas ocasiones. No sabría cuántas, pero muy pocas. Conozco a Félix Jiménez desde hace unos años y cuando me desveló que su sueño era abrir en Logroño un restaurante clásico japonés para diez personas lo primero que pensé es que estaba perdidamente loco. Poco a poco fui conociendo el proyecto, sus ideas, sus nigiris y al llevármelos a la boca comencé a comprender que Félix llevaba razón y que su locura no era la de un orate iluminado sino la de un verdadero apasionado de la gastronomía dotado de un mensaje y de un proyecto conmovedor no por su extraordinaria singularidad -que también- sino por su pasión, por una vocación irrefrenable y por un gusto exquisito en todos los sentidos que hace que cada una de sus recetas sean, además, una auténtica belleza. El fin de semana pasado me estrené en Kiro como un simple cliente dispuesto a disfrutar de la cocina japonesa de Félix Jiménez y desde el primer momento, con ocho descono…

SORAYA Y LA FALSA MONEDA

Existe algo en Soraya Sáenz de Santamaría que me confunde (y estremece) pero no sabría explicar exactamente qué es. He pensado que quizás sea esa forma que ha tenido de estar presente al lado de Mariano toda esta legislatura como si apenas estuviera, parapetada en las ruedas de prensa del Consejo de Ministros, pero moviendo casi todos los hilos de las diferentes políticas populares en el Congreso y especialmente con ese control de los medios que le ha llevado a decapitar periodistas y lograr tejer diferentes redes de intereses difusamente cristalinos especialmente en el mundo de las televisiones y diferentes entramados mediáticos. El pasado lunes, en el anunciado por ‘Atresmedia’ como la madre de todos los debates, Soraya fue aniquilando a sus oponentes con un talento ancestral y una superioridad insultante. Primero al despavorido Pedro Sánchez (que cayó a sus pies como un pelele); después a un atribulado y desconocido Albert Rivera (candoroso y difuso como nunca) y durante todo el d…