A SOLAS CON BERTÍN

Una vez entrevisté a Bertín Osborne. Estábamos los dos solos, mano a mano y en un vestuario. Me impresionó lo grande que era mientras se vestía de pelotari para disputar cordialmente a Titín III un partido de pelota en el Adarraga. Mientras le preguntaba cosas (no soy capaz de recordar cuáles) me venía a la cabeza aquella canción que cantaba de una señora (a la que sin duda se estaba beneficiando) mientras le daba recuerdos su señor, perfectamente coronado –claro está– por dos impresionantes pitones. Bertín así, a pecho descubierto y en la soledad de un vestuario, la verdad es que acojona un poco porque es de esas personas que en la distancia corta se recrece y te arrastran a su orilla sea o no el viaje producto de un naufragio. A Bertín, al que no sigo en la tele ni en sus discos ni en cualquiera de sus andanzas, le tengo cierto cariño tanto por aquel recuerdo del vestuario como por la cornamenta del pobre señor de la balada romántica. Pero me acabo de enterar de que a Jon Sistiaga no le cae bien Bertín y mucho menos que la tele pública le haya concedido un programa de entrevistas para hablar de «toreros, tonadilleras y antiguos cracks de la televisión». Puede parecer que el enfado del reportero Jon se deba a celos profesionales. Me da que no, que es una cuestión de clases, que el gran Jon cree que la tele pública tiene que estar a la altura de periodistas como él, no de cantantes románticos perfectamente previsibles como Bertín, al que ya no le hace falta ni apellidarse Osborne ni beneficiarse a la mujer de nadie para arrasar en los shares. A Jon le pasa como a mí, no ha visto el programa, como él mismo ha reconocido, con la salvedad de que él es un extraordinario reportero y yo apenas soy capaz de juntar varias vocales con alguna consonante. Es cuestión de egos y a eso, estimado Jon, creo que Bertín te da mil vueltas. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

PABLO IGLESIAS EN BONICAPARRA

Tengo para mis adentros que el despistado chófer ucraniano (*) que incrustó su gigantesco trailer lleno de naranjas y limones murcianos en un camino forestal más allá de la aldea de Bonicaparra en realidad era Pablo Iglesias al volante de Podemos. Si sorprendente fue la ruta del GPS del atribulado camionero, más pizpireta parece todavía la del coletudo líder, que se sitúa con esmero en los márgenes de la sociedad apelando a esa especie de fatalismo buenista en el que cualquier reacción enérgica de los países europeos contra el terrorismo islámico carece de la legitimidad moral que parece tener él en exclusiva. Obviamente, nadie está en posesión de la verdad en este escabroso asunto, pero es más que evidente que la transparencia de la libertad que define nuestra sociedad (y que es su grandeza) se ha convertido precisamente en el espacio a través del que se introducen los terroristas para atacarnos desde dentro y donde más nos duele. No se trata de crear una sociedad policial; la clave es defendernos para que no nos corten el cuello o nos acribillen a balazos mientras tomamos un café en una terraza o asistimos a un concierto en una discoteca. Con los terroristas no hay diálogo posible y no se trata de renunciar a los derechos civiles; todo lo contrario, hay que protegerlos con la fuerza de la ley en la mano. Los terroristas son tan viles que incluso se emboscan entre los miles de refugiados que huyen del horror del ISIS para penetrar en Europa. Y eso no significa criminalizar a los refugiados ni jalear los bombardeos indiscriminados. Pablo Iglesias no es capaz de entender que nos atacan a todos y que la unión es esencial para defendernos y sobrevivir. Lástima que el ‘conductor’ de Podemos no cuente con la ayuda de los vecinos de Ezcaray para sacar su trailer de esas veredas por las que se mete. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja.

(*) Leer aquí la noticia del conductor ucraniano que se perdió con su trailer por los caminos forestales de la Sierra de la Demanda.


CATALUÑA

Era algo menos que gratificante contemplar ayer dos hechos para nada circunstanciales. Al mismo tiempo que el tesorero de Convergencia Democrática de Cataluña apoquinaba 250.000 para salir de la cárcel, el presidente en funciones Mas se convertía en antisistema ‘pata negra’ para negociar en secreto con las CUP (Candidaturas de Unidad Popular) proseguir en el machito del Govern y continuar con el disparate de una independencia que está conduciendo a Cataluña y al resto de España a una catástrofe de consecuencias imprevisibles y mucho me temo que irreversibles. Mas esconde a su tesorero, a la familia de Pujol y a todas las corrupciones de su ‘cleptosoberanismo’ y se aferra al poder como una cucaracha patas arriba con un sentido estrafalario de la responsabilidad, del buen gobierno y de la libertad, ésa de la que tanto se proclama adalid pero a la que no para de violar en nombre de una patria que ha fundado expulsando del paraíso exactamente a la mitad de sus conciudadanos. Cataluña dividida y enfrentada y en manos de las CUP’s, una formación asamblearia, indigenista y comunista que por arte del juego de las mayorías se ha situado en el eje de la política catalana. O lo que es lo mismo, la culminación de un sainete insuperable y de un despropósito legal que hace que nos abochornemos frente al resto de Europa. Unas elecciones regionales y la presidenta de un parlamento que dice que no piensa hacer caso a la misma Constitución que ampara legalmente su puesto y privilegio. Es decir, que ella misma se deslegitima al romper con la legalidad que la ampara (que alguien se lo cuente) a sabiendas de que lo que busca es la foto de los Mossos o de la Guardia Civil (esto sí que sí) desalojándola de su despacho. ‘Povera patria’, que cantaba el siciliano Franco Battiato. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

MARISA, LA DEL ECHAURREN

Foto: Fernando Díaz
Marisa Sánchez, la del Echaurren, llega al corazón con la misma tersura con la que una brisa de primavera atraviesa una arboleda. Quizás sea por aquellas canciones de Celia Gámez que escuchaba de niña en una gramola junto a su madre mientras le dictaba recetas de cocina: un día salado, otro día dulce. Quizás Marisa también llegue a la entraña por esa sutileza con la que se desenvuelve, da igual que sea en la cocina –que la merluza no se arrebate, aconseja en una de sus maravillosas recetas–; o en la misma vida, sacando adelante una familia que es como un sueño y haciendo de una casa de comidas un auténtico paraíso donde brota maná. Pero no un maná estúpido y caído del cielo porque sí. No. Un maná fruto del trabajo y de la perseverancia, de la delicadeza y del respeto. Marisa se sabe cocinera, se siente cocinera y toda su vida ha tenido el empeño de proteger y alentar ese tesoro infinito de la gastronomía de siempre pero dotandolo de una elegancia cabal, de una finura que no se antoja atrevido calificarla como moderna y esclarecedora, como adelantada a su tiempo y fruto de su pasión, de su piel, de su instinto y de su fina ironía riojana. Por eso, se puede explicar que en una receta de pochas con fritada asegure que hay que añadir pequeñas cantidades de agua fría «para asustarlas», o ese frenesí que provoca en las papilas su sopa de pescado, –mecida en tres tiempos– que se inventó para aquella señora de Amorebieta a la que no le sentaba nada bien la leche de vaca por las mañanas, mientras su marido, robusto y cazador, madrugaba con la escopeta por las sierras de Ezacaray. Marisa posee el secreto de la elegancia, conoce a fondo los pliegues de cada cual y desde su sencillez ha cautivado de tal forma, que como escribe Mikel Zeberio, comer en su casa es una experiencia memorable. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

NO DIGA ESPAÑA

Hace unos días a Juan Cruz se le hacían los ojos chiribitas en ‘El País’ porque en España casi nadie llama a España España y se inventan infinidad de retruécanos sociolingüísticos para esconder el nombre de nuestra Nación y denominarla Estado casi por sistema. Me sorprendió la sorpresa del afamado columnista y que surgiera, además, por unas declaraciones de Ada Colau, que no es ni mucho menos la primera que la margina de sus labios. Recuerdo que en mi etapa de estudiante en la Universidad del País Vasco la palabra España estaba indecorosamente prohibida y se sustituía por el horrible nombre que se inventó el Franquismo (dudo que Franco) para definir al nuevo (viejo) régimen: ‘Estado Español’; patética expresión para nombrar a un reino sin rey y a una república sin presidente, una nación vasalla y prisionera de una parte de España que había enviado a la otra a la cárcel. Los nacionalistas repiten obsesivamente ‘Estado’ (en todas y en cada una de sus infinitas plataformas mediáticas) para negar a España. No se la nombra y como por ensalmo desaparece (piensan). O se dice Cataluña y España; o Euskadi y España. En este caso se sitúa paralela la parte con el todo, que es otra forma de negar al todo su condición preponderante, su carácter histórico y no el invento romántico del nacionalismo caduco del XIX. A España se la mete debajo de la alfombra, se la esconde detrás de un cargo, se le pone tricornio y hasta esposas; se la viola, se la traduce, se la consigna o se edulcora para no enfadar. Ahí está la selección española de fútbol, a la que se llama ‘roja’; o a la de balonmano, a la que dicen los ‘hispanos’ como si fuera de Puerto Rico o de la Hispania Ulterior romana. Todo es lícito para esconder la palabra maldita, para que no se asome a nuestros labios y no enfademos a los que la quieren destruir. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

MORIRME

Sé que cada día estoy más cerca de morirme y me atormenta la certidumbre que me acompaña de saber a ciencia cierta que he vivido ya más –b...