PEDRO SANZ SE MARCHA QUEDÁNDOSE

Pedro Sanz compareció en la ya histórica rueda de prensa de su despedida sin su sempiterna americana pero con una corbata roja y azul que parecía someter a su cuello a una presión exagerada. Sanz anunciaba su adiós en una especie de metáfora en la que se asomaban una pretendida ligereza de su equipaje y la máxima tensión que se vive en el interior de su partido, aparentemente abotargado por el liderazgo personalísimo al que él mismo lo ha sometido durante décadas, pero con diversas costuras a punto de reventar como demostró la incendiaria carta de Isasi y su «nido de víboras». Hay como una cierta sensación de orfandad en el ambiente popular oficialista. Ni se ha muerto Sanz ni se va a marchar aunque su tiempo terminara hace más de una legislatura. Sanz es una rareza, un superviviente de cuatro lustros en una estructura política que cuando llegó era apenas inexistente y que él ha moldeado a su imagen y semejanza. Todos los poderes fácticos de La Rioja le han ido bailando el agua para salvaguardar sus intereses y muchos de los más críticos ahora se han comportado como alfombras por donde él ha pisado. Sanz se va pero también lo echan las circunstancias, los nuevos tiempos y la certeza de que era necesario un cambio que él no quiso ver y que ninguno de los que le rodean se atrevió a reclamarle en público (y me temo que en privado). El otro día me comí un par de huevos fritos y unos tomates hidropónicos con él, y estaba ufano y exultante, con ese punto campechanamente humano que le adorna cuando quiere y que lo aleja de ser el macho alfa del presunto nido de Isasi. Sabe actuar como pocos y por eso se ha quedado con el as en la manga de la presidencia del partido y su acta de diputado. ¿Habrá alguien ahora capaz de decirle que se vaya del todo? # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

LLEGA EL MOMENTO DE CUCA GAMARRA

La primera vez en mi vida que hablé de tú a tú con un político en activo expresándole lo que sentía fue con Tomás Santos cuando era alcalde de Logroño, sin micrófonos, sin papeles. Noté en Tomás algo extraordinariamente raro: preguntaba, indagaba y escuchaba como nadie, quería saber, se afanaba por ponerse en lugar del otro. Creo que fue un gran alcalde y todo un señor de los pies a la cabeza. La resaca del ‘zapaterismo’ y el caos de su alianza con el PR se lo llevaron de un Ayuntamiento al que llegó triunfante Cuca Gamarra con un histórico 48,54% de los votos, una auténtica barbaridad que ofrecían a la joven alcaldesa la oportunidad de dotarse de una personalidad propia y desmentir «por siempre jamás», como reza el Voto de San Bernabé, que era mucho más que una pieza del Palacete puesta al frente del Ayuntamiento para gobernar la ciudad con el mismo tono monocorde que el resto de la región. Los corrillos de periodistas y opinadores mantenían esa tesis ‘sanzista’ en el trasfondo de Cuca y aseguraban que determinados concejales iban de Vara de Rey a Avenida de la Paz para controlar que todo permaneciera anclado al modelo imperante. En las últimas elecciones Cuca Gamarra y su equipo han perdido la mayoría absoluta, seis concejales y casi 10.000 votos. ¿Lo ha hecho tan mal Cuca? Creo que no, que ha sido víctima de dos fenómenos: del desplome generalizado del PP en todo el país (obvio) y de algo más complejo de explicar: resulta casi imposible distinguir su voz de la de Pedro Sanz a pesar de la abismal diferencia generacional entre ambos. Tomás Santos se sabía derrotado en aquellas elecciones; Cuca mascullaba en éstas que iba a bajar pero no esperaba dicho correctivo. Ahora tiene su gran oportunidad, la de liderar Logroño desde el diálogo con su voz genuina. Es su gran reto. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

XAVI HERNÁNDEZ, CINISMO ESFÉRICO

Xavi Hernández es un extraordinario futbolista como atestigua la multitud de títulos que atesora tanto con el Fútbol Club Barcelona como con la Selección Española. No lo dudaré ni un instante, ahora bien, sus declaraciones sobre la pitada al himno en la final de la Copa del Rey me parecen de un cinismo absoluto, vergonzoso y lo que es peor, cobarde de todas las cobardías. El fino centrocampista ha asegurado en frío, y como producto de una presumible reflexión personal, que como «estamos en democracia todo el mundo puede opinar», y que «se debería valorar el porqué de los pitos y no sancionar». Se equivoca de plano el señor futbolista Hernández, porque pitar al himno no es opinar, es insultar y ridiculizar de forma cobarde y vil un símbolo de convivencia que representa a millones de españoles, esos millones a los que Xavi emocionó con sus jugadas en las eurocopas y en el Mundial de Sudáfrica y que le valió para recibir de manos de Felipe VI el premio Príncipe de Asturias de los Deportes, precisamente el monarca que se tuvo que tragar en soledad la descomunal silbatina con la sardónica sonrisa cadavérica de Artur Mas a su lado. Por cierto, cuando el capitán de Barça habla de valorar el porqué de los pitos, le recomiendo que hable precisamente con Mas para que le cuente cómo el nacionalismo catalán ha basado en el odio impostado a España el nacimiento de su nación de laboratorio, o cómo se ha servido de lo catalán para crear un imaginario nacional enfrentado al resto de la Nación. O que vea TV3, canal que tiene como lema máximo ‘Espanya ens roba’. Xavi es futbolista pero no creo que sea tonto, aunque se lo haga o se refugie en ese común denominador de la sociedad catalana del pensamiento único nacionalista. Pitar no es opinar, es insultar y ridiculizar precisamente al mismo Rey que le dio el premio. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja