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Mostrando entradas de diciembre, 2014

LORENZO

El Ayuntamiento de Logroño aprobó ayer conceder la Medalla de Oro de la ciudad a Lorenzo Cañas, uno de los personajes más extraordinarios de cuantos he conocido en mi vida y no por su categoría como cocinero (que es gigantesca), sino por algo mucho más importante: por su absoluta grandeza personal, por eso que se suele denominar como bonhomía (afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento) y que en el caso de Lorenzo viene siendo un reflejo de sus quehaceres cotidianos desde que lleva dando guerra en este valle de lágrimas. Lorenzo, como me dijo un día Pedro Subijana (uno de sus grandes amigos), representa la esencia de la cocina, del trabajo y de la generosidad. Es cocinero desde el amanecer hasta las últimas claras del día, y bien entrada la noche, cuando para de trabajar (si es que en algún momento es capaz de hacerlo), te cuenta mil y una anécdotas de cómo se cocinaba en el Gran Hotel, o el Amparo de Madrid, en Zalacaín, en Horcher o en tantos sit…

EL FRANQUISMO ERA ESTO

Estamos hartos de pagar impuestos para darlos a Madrid / Queremos ya la independencia, se nos acaba la paciencia / ¡Que Rajoy se joda ya!». Éste es el estribillo de un singular villancico compuesto en el colegio Carme Vedruna de Manlleu (Barcelona) para la tradicional función de los ‘Pastorets’, que celebran todos los años por Navidad. Desde las altas instancias del colegio se asegura que «la letra salió de los propios alumnos», muchachos de entre diez y once años que al parecer han asumido hasta el tuétano las reivindicaciones separatistas de Mas, Pujol y Junqueras con una naturalidad inopinada y con una fe en la religión separatista mucho más propia de fórmulas educativas totalitarias que de un país democrático como se supone que debiera de ser Cataluña. Se imaginan que los niños de Vuelo Madrid Manila, por decir un cole, salieran de clase cantando: «¡Pedro y Cuca son nuestros faros de Alejandría / gracias a ellos crecemos más cada día / El uno con su energía, la otra con su alegrí…

YO, ROBOT

Ha dicho el físico británico Stephen Hawking que el desarrollo de la inteligencia artificial podría significar el fin de la raza humana. Y ha ido más allá: «Los humanos, que están limitados por la evolución biológica, no podrían competir y quedarán suprimidos por los robots», como en Terminator, donde no se sabe muy bien cómo, un engendro del futuro enviado por el hijo de un padre que todavía no había nacido llegó a la tierra a través de una oclusión espacio-temporal desde el porvenir para matar a un tatarabuelo suyo que en unos meses iba a cambiar los designios de la humanidad al crear un chip capaz de suplantarnos o algo así. De tal manera que al bicho mecánico y biónico no le quedó más remedio que coger una ametralladora y pasarse la película entera reventando a tiros a cuantos se ponían por delante. Es decir, inteligencia artificial en su máxima expresión, como la de más de uno de los radicales del Frente Atlético o de Riazor Blues, que a pesar de que ellos mismos no lo sepan y a…