SOMOS LO PEOR

Con la muerte súbita de Emilio Botín las redes sociales se llenaron de toda suerte de indignidades como suele ser habitual. Murió un rico y eso parece que da carta de naturaleza para los insultos más desaforados y para el manantial de las tropelías verbales y en la mayor parte de las veces, ágrafas. Estamos en un mundo de cobardes, de tipos que se creen con el derecho sacrosanto a insultar y que están por encima de cualquiera que no sea ellos, de cualquier verdad que no sea la suya. Desconozco casi todo de Emilio Botín, pero el hecho de ser banquero (y de éxito) parece que para esta gente es similar al máximo de los pecados capitales. Son la secta de pensadores (es un decir) de la sociedad actual, escondidos tras sus falsos perfiles y multiplicados hasta el infinito como una especie de secta medieval que se cree con el derecho de dictaminar quién es brujo y enviarlo a la hoguera de sus ‘tuits’. Creo en la importancia de las redes sociales y la capacidad que tienen para trasladar ideas, reflexiones y acontecimientos de tu dedo al mundo en apenas un segundo, pero lamento cada día más la forma en la que nuestra bilis es superior a la inteligencia. Resulta lamentable cómo la tecnología nos desnuda de cabo a rabo; no somos capaces de refrenarnos y de ahí que en esos castillos de papel donde se suman las ideas de muchos brillen mucho más las dentelladas de los sectarios, de los que carecen del más mínimo respeto, de los que se creen con derecho a todo. Y este desolador fenómeno sucede todos los días, pero en jornadas como la de ayer el asunto se multiplica hasta límites insospechados, hasta en los que las monjas con ‘tuiter’, como la famosa dominica Sor Lucía Caram, dejó una prueba más de su talento: «A Rey muerto, rey puesto. Hoy, con el cadáver caliente aun, se elegirá sucesor. Sin dudas, el capitalismo, no tiene entrañas ni sentimientos» (sic). # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja.

UN MILAGRO EN DAROCA DE RIOJA

Si algo he aprendido desde que me dedico a escribir sobre el mundo de la cocina y la hostelería es que los proyectos gastronómicos son cuestiones vitales. La mayoría de los espacios que funcionan es porque detrás de las barras, de los fogones, de los obradores o de las cartas de vino existen personas apasionadas que viven por y para su trabajo, que empeñan sus mejores años en sacar adelante historias que antes habían tenido forma de sueños. Esta semana hemos sabido que una de las revistas más prestigiosas del mundo, la celebérrima ‘Wine Spectator’, ha concedido al restaurante ‘Venta Moncalvillo’ de los hermanos Carlos e Ignacio Echapresto un premio que en España sólo está al alcance de templos gastronómicos universales como El Celler de Can Roca, Atrio o Sant Celoni. Y a mí, la verdad, es que me parece un milagro que dos hermanos tan sencillos, tan humildes y tan trabajadores como los Echapresto, hayan conseguido tantas cosas partiendo desde de cero. Recuerdo como si fuera ayer, casi como una casualidad del destino, la primera vez que comí allí. Fantásticamente bien, por cierto, pero absolutamente impensable que la evolución de aquel local primigenio se viera ratificada años después con la estrella Michelin (la segunda en la historia de La Rioja) y a continuación, entre otros muchos galardones, por un premio que lo coloca a la altura de los mejores entre los mejores en el trato y el servicio del vino. Pero mucho más allá del oropel de los reconocimientos, está el trabajo del día a día, el esfuerzo por superarse constantemente, por mejorar, por crear nuevas vías de mercado sin perder un ápice ni sus señas de identidad ni la humildad que los ha hecho grandes. Tenemos en La Rioja un milagro gastronómico y está en un pequeño pueblecito –Daroca de Rioja– al que merece la pena ir al menos una vez en la vida. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

¡A VOLAR CON EL PR!

No salgo de mi asombro con este negociado de la política y es que cada día tenemos más motivos para alucinar. Los partidos luchan desesperadamente por confundirse con la realidad cuando no pueden modelarla a su antojo. De estas prácticas no se salva ninguno, ni los habituales ni las nuevas incorporaciones de los últimos meses. Es triste comprobar la forma en la que estas máquinas electorales siempre tienen todos y cada uno de sus engranajes a punto para aparecer en cualquier pliegue de la vida cotidiana, por nimio que éste pueda ser. Están omnipresentes, acechantes, con una sublime interpretación de que siempre andan desvelados con nuestro porvenir. No duermen y claro, por eso no sueñan y andan todo el día con sus mortecinos discursos mil veces repetidos para llegar a una única conclusión entre la ciudadanía: son un mal necesario, inapelable, inobjetable y monocorde. Ayer quedé asombrado cuando leí en la edición digital de nuestro periódico que un partido (en este caso era el PR –desconozco si han quitado aquella cursilada de ‘plus’–) anunciaba a bombo y platillo que «el aeropuerto de Agoncillo contará con nuevos vuelos a Praga», y que, según sus noticias «una compañía aérea también planea conectar La Rioja con otras ciudades europeas como Budapest o París». Lo anuncia un partido que está en la oposición, no el Gobierno, ni Aena, un partido que es el más crítico con el PP, salvo si comparte Ayuntamiento como sucede en Arnedo. Me parece fantástico que Agoncillo se convierta en una pasarela aérea internacional pero alucino con el trabajo ‘periodístico’ (es un decir) que se han currado en el PR para adelantar semejante noticia. ¿Sabrán algo en el Palacete del asunto?, me pregunto con sonrisa levemente ladeada hacia el centro (de la pista) porque la aspiración de todo buen dirigente político es saberlo todo. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja.