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Mostrando entradas de marzo, 2014

CREÍA EN LA DEMOCRACIA

Tengo un recuerdo muy vago de la figura de Adolfo Suárez. Yo era un niño obcecado (quizás lo siga siendo) y él siempre salía en los periódicos de oscuro. El sonido de aquellas campañas electorales de mi infancia, con el logo de Donut partido de la UCD y el puño con la rosa de Felipe, permanece tan nítido en mi memoria como cuando había elecciones un martes y librábamos de ir a la escuela, que por arte de birlibirloque se convertía en un colegio electoral, aunque casi ninguno de mis amigos sabía en que consistía aquella felicísima transformación que nos otorgaba un día más para callejear en nuestras bicis. No entendíamos nada de aquella tensión, ni cuando salía el Rey en el telediario (la reina y yo, que decía mi abuelo) o el día de la dimisión irrevocable de Suárez, a la que asistimos en mi casa con una tele en blanco y negro que sé que se cambió tiempo después por una en color en la época de los Ángeles de Charly (a mí me gustaba la morena, qué conste). España era una especie de cat…

NO DIGA JEREZ, DIGA MACANITA Y MÉNDEZ

Tomasa Guerrero ‘La Macanita’ y Jesús Méndez protagonizaron un maravilloso recital flamenco el jueves en el Bretón merced a una noche repleta de cante en su máxima expresión, de flamencura infinita, de sensibilidad, compás y arte, mucho arte, arte por toneladas, con esa forma de decir el flamenco marcada por la pasión y la hondura, por ese acento especial que nace en Jerez y que se reconoce drásticamente desde el primer tercio, casi con la primera respiración, con el primer aliento. Hubo mucho y todo bueno, pero salí enamorado del cante por soleá de la Macana, quizás el mejor que ha dicho nunca en Logroño, una plaza que ha pisado en varias ocasiones y en la que siempre había dejado la firma de su racial entrega. Pero en esta ocasión, la cantaora se expresó tan dulcemente y tan por abajo que daba la sensación de que estaba mascando el cante y por momentos, al arrastrar los tercios, se diría que casi los estaba susurrando arropada por ese compás tan suyo que no se puede imitar pero que…

MÁS ESPAÑA ES MÁS LIBERTAD

En la película ‘Senderos de Gloria’, de Stanley Kubrick, el coronel Dax (interpretado magistralmente por Kirk Douglas) espetaba al general George Broulard que «el patriotismo era el último refugio de los canallas». La frase había que entenderla y tenía todo su sentido en el contexto de la Primera Guerra Mundial y cuando el despiadado general aspiraba a ser condecorado ordenando un ataque suicida de sus propios soldados a la maldita colina de las hormigas. Pues bien, yo me crié con aquella idea a marchamartillo y hoy en día buena parte de la izquierda española –lugar en el que un día habitó mi memoria– la sigue llevando cosida a todos sus complejos a pesar de que la patria ya no te obliga a conquistar ninguna colina y es la garantía de los derechos en un mundo repleto obligaciones. En España hemos desertado de nuestra patria y hemos dejado durante generaciones (especialmente como consecuencia del pacto de la Transición) que el sentimiento de pertenencia a una idea de libertad (que es …

COMO CON FRENO

Vicente Soto ‘Sordera’ dejó un buen concierto el jueves en el Salón de Columnas pero no llegó a conectar del todo con el público logroñés. Hubo mucho cante bueno, maravillosos ecos de Jerez, sonidos y lenguaje de un cantaor profuso, largo, enciclopédico, de un sabio del cante que conoce todos los vericuetos del flamenco pero del que tuve la sensación de que cantó como resguardándose, con el freno de mano puesto y sin terminar de romperse y colocar el concierto en esa esfera donde se calienta el público y aparecen las emociones concretas que hacen de los conciertos flamencos experiencias únicas. ‘Sordera’ comenzó con cantes fragüeros en los que él mismo se propiciaba el compás con los pitos, el tacón y la puntera. Tuvo una gran solemnidad su presentación y cuando se fue por los ecos de Cádiz (cantiñas, romeras y mirabrás) cuajó un varios momentos muy bellos, como un remate por mirabrás tan dulce como corto. El cantaor jerezano logró lo más emotivo –al menos para el que esto suscribe– …

REIVINDICO EL LLANTO

El tiempo de nuestra opulencia parece que no haya pasado nunca. Siempre estamos buscando razones para el descontento, que las naturalezas muertas de la desmemoria apenas sobrevuelen los desatinos de nuestra razón. Somos compulsivos, recibimos tantos mensajes, tantas seducciones diariamente incontroladas, que cada segundo que pasa aumentan nuestras desdichas. Parece que seamos lo que nos gustaría tener. Todo lo que no poseemos debería ser nuestro, cada paso que damos nos mantiene al acecho de que es necesario obtener algo más de lo que logramos ayer no sea que nuestro vecino sea capaz mañana de multiplicar sus pesquisas más allá de lo que lo nosotros seamos capaces de soñar y de razonar. Es como si en una carrera todos quisiéramos llegar antes de que el juez dé la salida. O peor aún, en nuestro desvarío todos anhelamos ser el atleta, el árbitro que dictamina quién llega el primero e incluso el trofeo que se otorga en la meta. Todo el control tiene que depositarse en nuestras manos, qu…

¿A QUÉ ESPERAN?, ¿A QUÉ ESPERAMOS?

A veces tengo la sensación de que nuestra clase política vive en un planeta tan alejado de la realidad que se hace imposible asimilar la distancia que existe entre los adoquines de las calles y las moquetas de los parlamentos o los palacios gubernamentales. Y esta semana es pródiga en ejemplos. Vayamos con el primero: me siento incapaz y frustrado por no comprender el galimatías de las obras de la sede del PP, de los pagos fraccionados, del precio real del proyecto, de las declaraciones al juez Ruz y de las derivadas que tiene el hecho de la falta de transparencia de los partidos políticos en casi todas sus actividades, especialmente en dos que resultan claves: la organización interna y la financiación. Me gustaría que Carlos Cuevas o Pedro Sanz convocaran una rueda de prensa -abierta a las preguntas de los periodistas- y explicaran hasta el último detalle este asunto tan lamentable para el partido del Gobierno. Segundo ejemplo: las esculturitas desaparecidas y la batalla política …

LOS OJOS DE PACO

Siempre me fascinó la mirada de Paco de Lucía, quizás casi tanto como el increíble crepitar de sus dedos por la guitarra. Había algo en el maestro –no me puedo creer que esté escribiendo en pasado– que se situaba por encima de cualquier duda, que superaba de largo su increíble técnica y su oceánica capacidad para multiplicarse en giras interminables y decenas de discos deslumbrantes. Hace unos años me dijo Duquende en una comida inolvidable que se tiró con él cuatro meses por Estados Unidos tocando prácticamente todos los días: estadios, auditorios, teatros... y cada concierto lleno, cada actuación era perfecta y cada escenario se iluminaba con su maestría como si no hubiera un mañana. Paco era grandioso, gracias a su profesionalidad indómita colocó a la guitarra en un lugar insospechado y universalizó el flamenco llevándolo a todos los confines del planeta como nadie lo había logrado hasta ese momento. Sin embargo, su mirada era todavía más aplastante que su sonido. La luz de Algeci…