LA FUERZA DE LA INTANGIBILIDAD

Vivimos tiempos duros los aficionados al toreo; tiempos de crisis generalizada, de menos festejos, de honorarios en muchas plazas no por debajo de los mínimos, sino de cualquier respeto a lo que significa algo tan duro como vestirse de luces y ponerse delante de un toro. Es cierto, además, que buena parte de la sociedad le ha dado la espalda a la fiesta y que existe una evidente destaurinización entre los jóvenes. Sin embargo no todo está perdido, ni mucho menos. Hay motivos fundados para la esperanza porque esta crisis también tiene el aspecto positivo de limpieza de muchas de las cosas que sobran, y son bastantes. Sin embargo, mucho más allá de todos los desconsuelos, el toreo es tan poderoso y tan extraordinario que cuando uno menos se lo espera brota la emoción más allá de cualquier parámetro establecido en un espacio marcado por algo que constituye su esencia, la fuerza de la intangibilidad. Morante ha caído herido de suma gravedad en Huesca cuando estaba toreando con su verdad existencial y distinta a casi todas a un toro de Gerardo Ortega que lo cogió de lleno. Morante quedó yerto, desmadejado, con la pierna abierta y taladrada por tres cornadas brutales. El miércoles en Gijón, otros dos matadores, Antonio Ferrera y Javier Castaño, recibieron sendas cornadas y tuvieron los arrestos de salir recién operados del quirófano para lidiar a sus dos últimos toros. Fue un espectáculo grandioso, incomparable a nada. Dos tíos reventados, con el muslo abierto, con el sabor del hule metido hasta la entraña, dejaron cualquier dolor a un lado, y sin un aspaviento, sin ninguna sobreactuación innecesaria, volvieron al ruedo para torear, triunfar por derecho, y salir andando de la plaza camino del hospital. Lástima que los periodistas no seamos capaces de trasladar esa autenticidad fuera del gueto. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja.

LA VIDA DE LOS OTROS

La última ocurrencia del Gobierno posee tintes más que peligrosos. Pomposamente se denomina ‘Buzón de lucha contra el fraude laboral’ y se trata de una especie de apartado en la web oficial del Ministerio de Trabajo donde cualquier ciudadano, de forma anónima, puede denunciar actividades profesionales o laborales que no estén amparadas por la Ley. Se supone, según Fátima Báñez, ministra de este negociado, que se trata de acabar con la economía sumergida utilizando a unos ciudadanos para que delaten a otros. Una especie de ‘Stasi’ colectiva amparada en un supuesto bien superior. Es difícil comprender cómo se pueden tener tan malas ideas y tan poca vista para no comprender que al minuto de lanzar la idea iban a ser miles de ciudadanos los que iban a denunciar directamente al partido de la calle Génova por esos indicios que lleva exponiendo un tiempo Luis Bárcenas de contabilidad B y sobresueldos para diferentes cargos del Partido Popular. Pero más allá de la befa y del cachondeíto, está lo que subyace en la idea: delatar de manera anónima a terceras personas. Me parece un escándalo. Si uno ve un delito su obligación como ciudadano le obliga a denunciarlo, con su nombre y con su carnet de identidad. Sin embargo, muchas de las personas que están en la economía sumergida se llevan sueldos de miseria con los que seguramente tienen que mantener a una familia. ¿Les va a denunciar usted? Con las delaciones anónimas suceden cosas terribles, arreglos de cuentas, envidias, miserias humanas de las que nadie estamos a salvo. Es increíble cómo nuestros políticos pueden tener tan malas ideas y la manera en la que se contagia a la sociedad esa falta de talento. Espero que Fátima Báñez y su equipo tengan mejores ideas pronto porque con ésta han hecho el más espantoso de los ridículos. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja.

MORIRME

Sé que cada día estoy más cerca de morirme y me atormenta la certidumbre que me acompaña de saber a ciencia cierta que he vivido ya más –b...