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Mostrando entradas de julio, 2013

LA TUMBA DEL HIJO DE VALLE INCLÁN

La muerte me inquieta tanto que prefiero no mirarla a los ojos; la esquivo hasta en esas noches de tormentas interiores en la que se suelen asomar nuestros recelos como los niños a los acantilados, con infinito respeto, pero con ese punto de inconsciencia que aletea en el brillo de los iris imantados por el peligro infinito de lo que se desconoce y atrae con similar fuerza. La muerte es nuestro único destino seguro. Seamos cómo seamos, al final del camino nos espera la parca con todas las inquietudes de nuestra existencia y sin ninguna respuesta. Somos criaturas nacidas para morir y ese fin quizás nos desvela el absurdo de no saber nunca qué será de nosotros cuando cerremos los ojos por última vez. Por eso vivo como si no existiera, a sabiendas de que mañana mismo me puede reclamar para saciar su insaciable ferocidad asesina. Morimos un poco cada día, me digo cada mañana a pesar de que los amaneceres son como una pequeña victoria frente a ella. Pero apenas desbrozo mis ojos de las le…

«NO TE FIES DE MOU, MEU AMIC»

Una vez escribí que la barba de Pep me parecía metafísica. Esa forma que tiene el de Santpedor de sobrevolar la banda, con sus manitas en los bolsillos de sus pantalones pitillo de mil euros a cada pata; con ese ritmo suyo tan sofisticado y mediterráneo de sus ruedas de prensa –entre Antonio Gramsci y Luis Llach, o entre Julia Otero y Ángels Barceló, según se mire– mientras cultivaba a lo lejos una especie de mística antimaterialista que se reencarnaba en la sublime perfección del que lo ha hecho todo por ganar pero al que la victoria le ha sonreído a través de un soplo divino directamente enviado por el Mossèn Jacinto Verdaguer desde Monserrat con el aliento de Messi. Me flipa este Pep impercetible, intocable, el Pep ‘amic’, defensor de su país ‘petit’, de su Bayern de Baviera y obviamente, de su barba perfecta, una barba milimétricamente desaliñada pero en la que no se adivinaba ni una mota de resentimiento. El tipo es tan colosalmente perfecto y guapo (él preferirá bello) que no p…

EL RUEDO IBÉRICO

La delegada se fue a hacer pipí y cuando regresó parsimoniosa a su burladero del callejón, el toro ‘Cantinillo’, un buen mozo de doña Dolores Aguirre, saltó la barrera y paseó su imponente arboladura persiguiendo de lejos, muy de lejos, a la excelentísima y despavorida Carmen Alba. A la buena señora se le debió de venir el mundo encima; digo yo que como a Mariano Rajoy con Bárcenas desde el trullo y con su heraldo periodístico de aquellas cuatro interminables horas. El ex-tesorero se ha transfigurado en toro y persigue a un presidente que busca su refugio en el callejón del plasma y del silencio, mientras en la plaza, más que nunca convertida en Ruedo Ibérico, el personal asiste atónito a este soberano galimatías de sueldos, sobresueldos, favores debidos, querellas y denuncias. Carmen Alba, que no estaba donde le obligaba el reglamento a estar, sino que estaba donde por merced le apetecía estar (era el sexto de la tarde y la presión debía de ser a esas alturas insoportable) ha pedido…

EMILIO EL BUENO

Twitter se ha convertido en el gran patio (en ocasiones, trasero) global. La verdad es que es un fenómeno extraordinario porque todo el mundo habla y como en la vida misma, muy pocos son capaces de escuchar. Las conversaciones fluyen en mil sentidos, se entremezclan, se distorsionan, regresan, corren, vuelan, marcan un camino en ocasiones insospechado y se genera a través de ellas una especie de interactuación global absolutamente inabarcable. En ocasiones pienso que si los radares del SETI en vez apuntar a Ganímedes lo hicieran a esta red tendrían problemas para detectar vida inteligente en el fondo y en la forma de millones de sus mensajes. Por ejemplo, las faltas de ortografía que se leen tienen consideración de cataclismo sísmico. Es verdad que dicen que somos lo que comemos, por lo menos yo; pero en el fondo también conviene pensar que somos lo que escribimos. Y además, en esta macro red global y mundial aparece mucha gente que se esconde tras una caricatura o tras un nombre y a…

El ‘iYATE’ DE STEVE JOBS

El verano debe de ser una ensoñación, barruntaba ayer de paseo por Ezcaray con mis zapatillas sin apenas suela y mis pies ateridos, congelados, casi como si fueran desnudos violando la cubierta transparente del yate de Steve Jobs; la macarrada ésa de 78 metros de eslora con nada menos que siete pantallas iMac de 27 pulgadas en el puente de mando y que alguien ha tenido a bien amarrar hasta el siete de julio en el puerto de Palma de Mallorca. El ‘iYate’ de Jobs parece algo así como el canto desesperanzado de un individuo del que no albergo ni la más mínima duda de su genialidad pero al que el mundo se le antojaba a todas luces poca cosa para él. Un barco que no parece un barco, con una quilla brutalmente recta de la que nace un gigantesco ventanal alargado y rematado por encima con dos especies de prismas lánguidos con terracita y un aire entre japonés y milenario. Un barco que diseñó hasta el último momento a sabiendas de que el cáncer lo estaba devastando y que le iba a ser imposi…