OTEGUI Y LAS CAGADAS DE PALOMA

The New York Times propuso a sus lectores un dilema moral imposible. Si usted pudiera viajar en el tiempo y tuviera en sus manos asesinar a Adolf Hitler cuando era un bebé, ¿qué haría? Es un absurdo pero nos introduce en un dilema ético asombroso. ¿Era el mismo ser humano el bebé que el furibundo asesino de millones de personas? Es un debate tan abierto y con tantas ramificaciones que muchas respuestas encuentran una explicación lógica. Algo parecido a lo que moralmente supone que TVE ofrezca su plató para realizar una entrevista a Arnaldo Otegui, líder de un partido político legal y con representación en una parte del territorio de España pero que por su negativa a condenar la violencia de ETA y no rechazar su vomitivo pasado político se sitúa fuera del sistema, extramuros del mínimo consenso que vertebra una sociedad civilizada. Estoy de acuerdo con los periodistas que se han mostrado a favor de entrevistarle. Obviamente, ése es nuestro trabajo. Yo le hubiera preguntado dos cosas y a partir de ese momento finalizaría o no el encuentro. Señor Otegui: ¿Condena el terrorismo de ETA y cuándo colaborará con la Justicia para esclarecer los más de 300 atentados que quedan por resolver? Lo demás ya no me interesa. Algunos han escrito que era una operación de blanqueo instigada por el Gobierno. Blanquear a Otegui es del todo imposible, como hacerlo con Maduro, a pesar de los ímprobos esfuerzos que hizo Évole por humanizar a la bestia. La entrevista nos devolvió al monstruo que es Arnaldo: «Siento de corazón si hemos generado más dolor a las víctimas del necesario o del que teníamos derecho a hacer». Lo dijo, son palabras textuales que intentó no pronunciar pero que como cagadas de palomas brotaron desde el fondo de su fangoso córtex cerebral.

LA PLAZOLETA

Camino en silencio por aquel parque redondo al que de niños llamábamos la plazoleta. Tenía una impersonal fuente en el centro y en los extremos del círculo una colección de bancos en los que se sentaban en corro los jubilados, los borrachillos del barrio y algún despistado que dudaba entre el autobús y el tren. El círculo mágico de mi infancia era en sí mismo una encrucijada en la que se entrelazaban las rutas de los viajeros de los coches de línea y los más cosmopolitas de los ferrocarriles; sobre todo cuando a la caída de la tarde se apoderaba de la estación el modernísimo TER, con su panza plateada y sus alas blancas sobre un fondo de azules deslumbrantes. Cuando llegaban mis tíos de Madrid, yo iba con mi hermano una hora antes a la estación para disputarnos el altísimo honor de ver cuál de los dos adivinaba antes el primer destello de la ciclópea luz que coronaba la cabina del maquinista. Era tan poderosa aquella llama que cuando dejábamos de adivinarla y nos enfocaba directamente a los ojos, nos deslumbraba hasta casi cegarnos. El tren enfilaba la recta de la estación, bajaba la intensidad del foco incandescente pero en nuestra retina de niños se quedaba impreso aquel fogonazo que nos había quemado gustosamente los iris. Aquel tren era como un sueño porque con mis tíos siempre llegaba aparejado algún regalo, algún juguetillo vano que nos colmaba de felicidad al menos durante cinco minutos. Y volvíamos a la plazoleta, que era cancha de fútbol, la playa de Omaha el día D, la estafeta en San Fermín y hasta el Madison Square Garden en día de combate, especialmente cuando dirimíamos nuestras disquisiciones con los rufiancillos de la calle Belchite, que una vez por semana querían arrebatarnos aquel Jardín del Edén.

NUEVAS CONSPIRACIONES

Debajo de las multiplicaciones de las sumas electorales siempre hay unas gotitas laicas de sangre de pato, que escribió Lorca ante el espanto de la megaurbe neoyorquina en su viaje final a la ciudad más cosmopolita. Aquel enjambre automático de Julio Camba. La sangre ya ha llegado al río y el Ebro apenas se ha emborrachado con las lágrimas de los que están a punto de irse o se han ido ya en su silencio roto de conversaciones y urnas. Nuevos tiempos para la lírica. El paisaje se llenará de nombres distintos y también comenzarán las conspiraciones. ¿Qué sería del periodismo sin las venganzas, los ajustes de cuentas y los nuevos proyectos con rostro humano? ¡Ah!, la política tiene tras de sí la rítmica del universo, que es una forma sucinta de definir el rodar de las estaciones y el desmembramiento de los cuerpos (electorales). Todo el mundo tiene que emprender su travesía del desierto. Y en la arena amarilla nos sobrecogen las alucinaciones, desde el sermón de la montaña hasta la triste sequedad de las bocas insaciables. Y habrá nuevos faraones, con sus cohortes de siervos que se reflejarán en los espejos donde llevaban reflejándose los anteriores noctámbulos del aparato. Las gotitas de sangre se embadurnan también en el llanto de la nueva política, que en nuestra querida tierra apenas ha sido como un granito de pus líquido y esquelético con asombrosas señorías de indeterminado vuelo casi siempre por la rasante. Poco más que decir para comprender que ha cambiado el turno. Han regresado los viejos cesantes de Ramón Mesonero Romanos, aquellos hombres públicos reducidos a una especie de muerte civil por un vaivén político o por aquella ley de la física que no permite a dos cuerpos ocupar simultáneamente el mismo espacio.

NOA POTHOVEN

A veces cuando no puedo dormir me pongo a escribir parapetado en el silencio mismo de las palabras que no tienen duelo ni dueño y que se me escurren entre mis dedos yertos que cimbrean por el teclado como si solo me contentara explorando esdrújulas. A veces reparo en personas que no quieren vivir porque la existencia se ha convertido en un tumor insuperable, como la muchacha holandesa que no pudo más con su vida sin apenas haberla vivido; como si apurase una copa vacía y le abrumara la más absoluta de las saciedades. Qué dolor tan profundo habitaría su alma para que no quedara en ella ni el más mínimo atisbo de esperanza con 17 años. Yo, como aquella carta casi póstuma de Cervantes que descubrí en la voz de Enrique Morente, pienso que «el tiempo es breve, las ansias crecen y las esperanzas menguan». ¿Por qué Noa Pothoven prefirió el vacío absoluto? La muerte como único refugio ante las fauces de la vida; morirse hoy para que no te destruya el ayer. Me acuerdo del poema de Alcántara: «Y morirme de repente / el día menos pensado / ése en el que pienso siempre». La muerte es un acantilado de plomo donde rebotan las esperanzas como las olas que sucumben en una orilla de piedras sin refugio para la espuma. Hacer que te maten para no morirse de pena. Llorar el llanto, ensombrecerse quemada por el sol, aullar hacia los adentros con el estómago desgarrado y desolado. Noa Pothoven ha muerto de muerte naturalmente artificial. Ha dictado la sentencia que suplicaba su noche oscura del alma sin amanecer posible. Noa ya no se sujeta ni en el último pie del estribo. Maldigo las ansias de muerte que ya la habían matado cuando era niña y maldigo para siempre a sus asesinos violadores a los que la muerte espero que los reciba cuanto antes. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

SANZ, CENICEROS Y OTRA VEZ SANZ

La noche del domingo me acordé de Pedro Sanz. Cerré los ojos y tuve la sensación de que se me apareció subido en cualquier mecanismo de aquellas ferias que siempre inauguraba con una foto graciosa. Lo mismo se comía unas guindillas escabechadas en Salical –¡qué tiempos!–, que se tumbaba en una cheslón en la Feria del Mueble de Nájera o se encaramaba a una grúa en Construmat con un casco verde y brillante protegiéndole la cabeza. Era genial verle llegar con su séquito y saludar a todo el mundo como sólo saludan prohombres como él. O eso parecía, porque Pedro Sanz jamás saludaba al que no tenía que saludar. Aquí y allá, en su partido y hasta en el Consejo de Gobierno. Él siempre estaba dirigiendo La Rioja: en una romería en Ábalos o en un encierro en Rincón de Soto. No descansaba, y no descansó nunca, quizá ahora tampoco descanse porque a buen seguro que estará barruntado la derrota como suya. Tan larga ha sido su sombra que el severísimo correctivo que ha sufrido el Partido Popular en casi todos los ámbitos y espacios de la política riojana es básicamente una bofetada a su recuerdo. No se supo ir a tiempo; se escapó fuera de hora y se quiso quedar cuando se había ido. Ceniceros, aquel hombre siempre a su vera, dijo no. Y el PP se deshilachó en conspiraciones y en un sálvese quién pueda tan dramático que las guerras de las Termópilas fueron una broma al lado de los previos de aquel congreso de Riojafórum. Cuando se repartieron los puestos de la última lista sólo se entregaron salvoconductos personales para el futuro de cada interesado. Hace tiempo que el PP se sabía derrotado y sin impulso regional ni municipal para transformar casi nada. Como si el aliento que faltaba se hubiera gastado en peleas internas contra el pasado. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

EL CONGRESO DE LAS VERGÜENZAS

Dolores Ibárruri ‘La Pasionaria’ y el poeta Rafael Alberti, símbolos de la España perdedora de la Guerra Civil, llegaron al Congreso de los Diputados el 13 de julio de 1977 para formar parte de la Mesa de Edad que presidió provisionalmente aquella Cámara en la que se reencontraba España con la Democracia y en la que, por fin, tenían sitio todos los españoles. Existe una foto inolvidable de Marisa Flórez de ambos descendiendo por las escaleras del hemiciclo. Rafael iba detrás, con una corbata florida, y cogía con su mano derecha el brazo a una ‘Pasionaria’ enlutada y seria, digna y adusta; un símbolo del Comunismo internacional, que aunque siempre estuvo muy cerca de las tesis de Moscú, tuvo el valor de condenar los tanques del Pacto de Varsovia que aplastaron la Primavera de Praga. Rafael hasta había escrito un ‘Redoble lento por la muerte de Stalin’. En aquel congreso había falangistas, comunistas, socialistas, nacionalistas, conservadores... Todas las Españas reunidas en la reconciliación y su imagen fue un símbolo de esperanza y libertad. El pasado martes el Congreso de los Diputados, aquella misma cámara, fue profundamente violada por una especie de turba de señorías lanzando toda suerte de absurdas, demagógicas y rocambolescas diatribas con las que fueron dilapidando con lodo los recuerdos y la huella de tantos políticos de toda condición que pusieron las bases de una convivencia sagrada tras una Guerra Civil y una dictadura de cuarenta años. Como ciudadano sentí una profunda repugnancia ante el espectáculo, una sensación de indefensión por parte de la Presidencia de la Cámara y melancolía ante la incertidumbre que tiene España por delante. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

MIRARTE COMO EL MAR

Aveces te miro como el mar, sin cansarme de verte; y me doy una vuelta por tus cosas. Por tus pequeños enseres cotidianos que flotan en mi memoria como esos recortes de viejos periódicos que acumulo entre hojas remotas de mis libros y el día menos pensado reaparecen como si nada. Hay cariños que condenamos al ostracismo y nos asaltan ahora como un asombro inopinado. Temblores y miedos de antaño que parecen agazapados a la vuelta de cualquier esquina en la que me esperabas cuando llegaba tarde. O no llegaba, porque pensaba que había cosas más importantes que mirar el mar, que es como mirarte a ti sin cansarme de verte. Tus ojos, las olas, aquellas sandalias, la pulsera que perdí, la cala roja, un vino con aquel pincho y la voz de Morente con su viejo bajel de guerra, y sobre la vela el viento y sobre el viento tú. A veces no sabemos que tenemos ojos y nos ahorramos la vida mirando sólo hacia los adentros. Y el mar siempre está ahí aunque toque noche sin luna y nos falte olfato y pericia para comprender las gramáticas de las mareas y el sabor a sal rociando la boca de tus enseres cotidianos, esos que ahora ordenas compulsiva, como si estuvieras creando un índice absolutamente perfecto de cosas y cajas. Mi orden atiende a razones que no soy capaz de comprender; estrategias que no entiendo, voces que me recibieron con el alivio de un náufrago cuando se queda a solas con el mar y pierde las horas contemplando el devenir de mis heridas reflejadas en el agua blanquecina de los amaneceres tibios sin que le atosiguen los tiburones de la vida. El mar no espera a nadie, me dicen los libros de viajes. A no ser que tú seas el mar y yo un navegante sin rumbo ni espuelas, un perfecto idiota ceñido a cualquier derrota. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

EL PP Y EL CORNER DE LIVERPOOL

El panorama es sombrío para el Partido Popular. Se miran entre sus líderes y no se creen lo que les está sucediendo. Como a los jugadores del Barça con el córner surrealista que les madrugó el Liverpool. Imposible y absurdo. Parece un mal sueño, se dicen entre ellos, o entre los que quedan si es que se comunican más allá de Whatsapp. ¿Cómo empezamos a joderlo todo? Se preguntan cómo si no fueran capaces cada uno de ellos de sacar del bolsillo un cuaderno atiborrado de agravios e incumplimientos con sus votantes y básicamente con sus ideas. Ahora le echan la culpa a Vox o a Ciudadanos; se pelea Pablo por el liderazgo de la oposición con Rivera como un capitán de un barco que se sube al castillo de popa a contemplar el hundimiento mecido por una sonrisa de náufrago que no se la quita nadie porque es una mueca que labra arrugas como surcos en la tierra. En La Rioja, tres cuartos de lo mismo. Los que fueron y ya no están se calientan la boca con la incapacidad de los que están. Y los que están reprochan algo parecido a los que se fueron. Pedro Sanz, ahora ya desaparecido del combate, tiene mucho que ver con este cataclismo en el que se ha sumido una fuerza que hace tiempo que ha perdido sus señas de identidad porque lo que interesa de verdad es aferrarse a la tabla de salvación del cargo. Y más allá del poder apenas queda nada, ni impulso, ni ideas, ni liderazgo para sobreponerse a los malos tiempos. El bolso de Soraya en el escaño vacío de Mariano, con Mariano en el bar y Sánchez de presidente. Los sorayistas de ayer son los pablistas de hoy. Aquel aguerrido PP de Pedro Sanz se movía al estímulo de un solo corazón. ¿Era por el hombre? No, el poder es el pegamento más fiable. ¿Verdad?

¿CHACHAS CATALANAS EN SEVILLA?

El nacionalismo es una de las enfermedades sociales más cruentas y dolorosas que se expone a padecer una sociedad rica y opulenta de un país occidental. En el siglo XXI, el nacionalismo (que hunde sus raíces más profundas en el romanticismo del XIX y que tuvo en España a pensadores de la talla de Sabino Arana y Enric Prat de la Riba, entre otros próceres) afecta a las regiones más ricas, protegidas en cuanto a servicios y asistencia a sus ciudadanos y en la que se crean por doquier taras mentales de imposible explicación. El nacionalismo, a su vez, suele venir ahormado por un carácter de superioridad moral e intelectual en el que se da la extrema paradoja por la que los más bobos y retrasados de un país no tienen la menor dificultad en someter a los ciudadanos más listos y económicamente más desarrollados. Y lo peor de todo, en muchas ocasiones el nacionalismo recurre a la violencia para imponer sus ideas de liberación. Todas las regiones de España, encabezadas por Madrid, oprimimos al País Vasco y especialmente a Cataluña. Que lo sepan. ¿Se han preguntado los señoritos de Barcelona cuántas chachas catalanas sirven en Sevilla? No. ¿Cuántas vascas, con al menos seis apellidos euskaldunes, trabajan en los supermercados de Madrid? No. Por eso la Generalidad de Torra le ha concedido la Cruz de Sant Jordi a Nuria de Gispert, una señora que ha destacado «en la defensa de la identidad catalana en el plano cívico y cultural» llamando una y otra vez cerdos y cerdas a Inés Arrimadas, Enric Milló, Juan Carlos Girauta y Dolors Monserrat. El nacionalismo es un virus destructor que ahora quieren inocular también en el mundo del vino de Rioja. Qué Dios nos pille confesados. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

VOTAR DUELE MÁS QUE NUNCA

El pánfilo buey Marius mordisquea una ramita que sensiblemente le ofrece la candidata del Pacma. Garrido, uno de esos tipos con ideales que tanto abundan en el panorama, salta de un barco que parece hundirse a otro que dicen que todavía flota. (Soraya apura la copa por si hay debacle, ¡ojo!). Y Sánchez parece ingrávido cuando profundiza en la misma nada de su discurso y divaga sobre el cambio climático al preguntarle por enésima vez ante los indultos a los cabecillas del golpe. Pablo Casado vacila entre caerle bien a Gabilondo por la vía de Maroto o rebañar votos a través de Díaz Ayuso, que parece salida de un póster de la Sección Femenina. Rivera sigue con su tenderete de artefactos inútiles y Pablo Iglesias se ha sumido en la lectura de la Constitución Española mientras ondea la bandera independentista de Canarias y se viste de franciscana moderación en los debates. (Ya no le cree nadie, sólo Garzón, que rivaliza con la nada). A Abascal lo llevan en volandas el descrédito de los partidos, la demagogia de la izquierda que ha olvidado a España, la conversión del PP en una oficina de empleo y la rendición de las obsoletas estructuras de poder en décadas de desafío del supremacismo catalán. Me temo lo peor en estas elecciones absolutamente imprevisibles. El debate riojano resultó pobrísimo con los candidatos uncidos al yugo del pánfilo buey Marius de la obediencia debida del argumentario mil veces recitado. ¿A quién votar?, me pregunté absorto en la contemplación. Siempre he metido las papeletas en las urnas a la contra, unas veces con las pinzas en la nariz; otras, las más, con el voto repleto de poemas metafísicos. Votar duele más que nunca aunque hace mucho tiempo que votar no era tan necesario como ahora. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

BUSCADME EN RENTERÍA

Soy un ciudadano de Rentería hoy aquí en Logroño; un ciudadano de Logroño en Rentería mañana mismo si me apeteciera coger el coche e ir a tomar unos vinos por allí o comer en Mugaritz que está en una lomita próxima al pueblo donde si vas a dar un mitin con una bandera de España te asalta una colección de mendrugos perfectamente orquestada por la extrema izquierda radical nacionalista y te insultan y amenazan con el cariz de su grito turbador en el cuello. Como dejó meridianamente claro en su tuiter Maite Pagazaurtundúa, el acoso que sufrió Ciudadanos fue concertado y forma parte de una estrategia política antidemocrática articulada a través de la organización Ernai, vinculada a Sortu y heredera de las ilegalizadas Segi y Jarrai. Es decir, los brazos directos de Otegui, que no es otra cosa que la sombra de ETA y su mafia política intentando limpiar la sangre con su saliva indecorosa. Dice Ortuzar (jefe político del PNV) que no van a permitir que gobiernen las «tres derechas en Madrid», pero mantiene infinidad de lazos para gobernar y legislar con Otegui y su plétora de seguidores allá donde haga falta. El objetivo es claro y lo hacen con sigilo: romper la Nación Española, destruir la Constitución y reventar la soberanía nacional. Y para ese fin no hay media tintas: expulsar de la vida social a cualquiera que no pase por el aro que han definido entre ambas organizaciones políticas que sólo ven el Estatuto de Guernica como un mal menor pero necesario para su estrategia. Por eso, entre los salvajes de Rentería estaba dando bocados Aitor García Sánchez, uno de los tres condenados por quemar vivo en 1995 al ertzaina Jon Ruiz Sagarna. Los de siempre a lo de siempre. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

TE AMO RATITA MÍA

Siempre que llueve aprieto a correr. Hoy no; hoy voy despacio, más despacio que nunca porque correr cuando llueve tiene connotaciones de periférica huida de uno mismo. Había salido a caminar y por eso tenía tiempo suficiente para no tener que azorarme y apretar el ritmo. Quería deleitarme con el rumor trémulo de las finas gotas de lluvia empapándome la ropa. La lluvia siempre nos hace sacar nuestro carácter defensivo ante la vida y cuando llueve, las aceras se vacían de viandantes y se llenan de atletas. Pero hoy no, hoy prefiero caminar y escuchar el zumbido del agua sobre mi chaqueta permeable y empaparme de arriba abajo como Clint Eastwood en la escena final de los Puentes de Madison con Meryl Streep. Empezando por las zapatillas y que por capilaridad, el agua –bendita agua– moje mis calcetines, y mi piel, y mis uñas… y vaya trepando por los pantalones, incluso los calzoncillos los quiero sentir mojados... Hoy no; hoy no voy a correr, hoy estoy caminando solo, con una pequeña tormenta débil y caprichosa que parecía arrepentirse de su tormentosa esencia pero que dejaba asomar un tímido rayo de luz que me permitía contemplar cómo rebotaba mi sombra en una pared que ponía: «Te amo, ratita mía». Me alucinan los ingenios de la poética popular que de pronto aparecen en los costados y en las faldas de los pueblos y las ciudades y te deslumbran como un verso de Lope de Vega. Sigo escuchando la tormenta a lo lejos, una tormenta que ya apenas bramaba pero que hacía que me sintiera vivo, a pesar de que el agua cada vez caía más suave, más lenta y yo me notaba más perezoso. Acabé con el agua, un rayo de sol y una señora que se me quedó mirando cómo si yo hubiera sido el autor de la pintada. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja