LAS GAVIOTAS NO GRAZNARÁN

Una de las situaciones más sonrojantes de la política española es ver al PP hundir y humillar su cerviz ante el nacionalismo vasco y sus privilegios que hacen de su enquistada ‘soberanía fiscal’ un agravio insostenible entre ciudadanos de primera clase y el resto; es decir, nosotros y todos los demás del marco legislativo común. Se humilló Mariano y ahora se humilla Casado, alfa y omega de un partido sin rumbo al que el impagable Ortuzar denomina golondrino: «Como las golondrinas, vienen cada año. Tienen su nido en Madrid pero vienen a cazar, a ver a cuántos mosquitos vascos incautos pillan por estas tierras». Casado manifestó su apoyo al concierto en Vitoria y en La Rioja ya no dijo nada ni nadie de los suyos de esta parte del Ebro le sonsacó nada –aunque fuera un tímido graznido– sobre el efecto frontera y el desamparo institucional que supone competir desde la desventaja, salir a cualquier estadio con tres chicharros encapsulados en tu propia portería. Hubo un tiempo en el que Ciudadanos también estaba en contra del desamparo fiscal, antes de comerse a UPYD. Pero ya tampoco dicen nada porque se ha hecho norma natural vivir con un riñón prestado al vecino rico. ¿Pero el PP? En la atonía de sus conversaciones privadas te dan la razón sobre el asunto, pero llega el líder y callan, porque ha dicho Casado en un foro vitoriano llamado ‘Revolución fiscal para un entorno competitivo’ (no es broma) que su partido «está comprometido» con la defensa del Concierto Económico vasco porque «no se puede cuestionar» la Constitución. Así que humillado ante el PNV, Casado volverá a sacar la bandera de España mil veces más. Pero no graznará, eso jamás. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

AGONCILLO 2050

Dicen las viejas crónicas que La Rioja tuvo un aeropuerto en Agoncillo. Un aeropuerto donde las naves despegaban o aterrizaban sólo después de una suerte de algoritmos y efectos colaterales que nacían en Madrid y que se iban disipando cuando la meseta comenzaba a intuir la depresión del Valle del Ebro. El aeródromo se fue hundiendo lentamente en la orilla del río hasta que un día desapareció por completo. Primero la cabecera de la pista, que sintió una contorsión telúrica y se resquebrajó tras incontables espasmos; dos días después, la terminal se precipitó sobre sí misma tras una contracción salvaje y los muros se revolvieron hacia dentro por efecto de una sobrecogedora implosión que se escuchó más alla del peaje de la autopista, que permanece indemne más de tres décadas después a la desaparición de la fallida infraestructura de Aena. Uno de los momentos más increíbles de la catástrofe se produjo al hundirse la torre de control. Fue succionada por una tierra que parecía viscosa. No se desplomó, simplemente cayó a un lado y arrastró con ella y a toda velocidad a un cuatrimotor de hélices que llevaba varado en Agoncillo desde que el Logroñés subió a primera división y se lo habían dejado olvidado tras la celebración de los hinchas, que fueron enfervorecidos a recibir a su equipo al aeropuerto en su único día de gloria. Ahora no queda nada, ni misterio. Los viejos dicen que un día crepitaron por allí pájaros de acero. Nadie les cree. (Yo sí). El meando del río a veces se conmueve y anega lo que dicen que fue la pista y un aparcamiento que permanece tan vacío y extraño como cuando se inauguró aquella terminal fantasmagórica y disparatada. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

TEMBLOROSOS Y TEMBLOROSAS

Los políticos andan de los nervios. Si uno se asoma, aunque sea levemente a sus quisicosas en los periódicos, se les ve crepitar como lucecillas trémulas en tardes que se niegan a convertirse en crepúsculo. Quizás ya se saben condenados a que ya no van a ser más y como en un periodo tan corto se van a disputar tantos espolones electorales y tantas cátedras pueden quedarse vacías, los nervios les trepan desde las uñas de los pies hasta la coronilla como una carrera de hormigas indescifrables. Se les ve temblorosos y temblorosas, claro. Y es que primero hay que colocarse en cada casa, pelarse la barba con cualquier conmilitón que se interponga para situarse bien en la trinchera: un puesto por debajo de la rasante puede convertir los próximos cuatro años en un invierno insoportable. Que no te salude nadie, el miedo al vacío telefónico, al sustento incierto, la vulgaridad de regresar al humus ciudadano convertido en lo que habías sido antes de la espuma de querer serlo todo. Los que más me impresionan son los ‘siemprevivos’, los que no se sabe muy bien cómo estiran su presencia en las listas sin relumbrón pero siempre están ahí; mejor dicho, allí, donde sus señorías se aletargan coleccionando legislaturas culiparlantes sin que nadie repare apenas un segundo en ellos. Son invisibles, intangibles, tienen la forma del agua porque da igual que les lidere Jaimito o Carpanta, el abominable hombre de las nieves o Santiago Segura. Otros que me encantan son los ‘guadaniescos’, los que parecía que la tierra se los había tragado y que sin embargo tienen la capacidad de emerger como un géiser y aparecer enarbolando cualquier bandera que habían guardado en el trastero. Así son. Exactamente como nosotros porque somos ellos. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

JUSTO

He recorrido unos cuantos kilómetros de mi vida taciturna al lado de Justo Rodríguez persiguiendo historias para que me las alumbrara con su talento de ojo que todo lo ve, de ojo carismático, de tercer ojo de Lobsang Rampa que se lo habían abierto en la frente para tener la visión del aura. Y es que Rodríguez sobrevuela con su mirada las simetrías imperfectas del mundo, ahonda en los tipos a los que retrata con armonía sigilosa de gacela, como si desapareciera cualquier tensión en una mirada que en el fondo sigue siendo la de aquel niño al que Manolo Chopera le dio un billete de 500 pesetas en la vieja Manzanera cuando aquello era un verdadero capital y San Mateo un misterio insondable. Le he visto despeñarse hasta el fondo de un barranco en las profundidades de un bosque para conseguir una foto única de Ignacio Echapresto con su delantal impoluto buscando setas de invierno en las faldas de Moncalvillo. ¿Le ha pasado algo a la cámara?, le pregunté... Emergió del barro con su máquina seca y la barba descuidada pero sinceramente informal como si se la aliñara Francis Bacon en su estudio repleto de caracolas. Eso sí, en el fondo estoy convencido de que nunca me va a perdonar las horas de volante que se ha tragado mientras yo le iba contando las historias más disparatadas, batallas perdidas contra molinos de viento o aquel día que se nos apareció Morante en Salamanca por la mañana en un hotel de gran ciudad y lo retrató con la ternura de una voz que apenas se sentía y un sol vago y distante que ya amagaba con el otoño. Aquella copa, aquel juego de sombras, la tormenta por la tarde en la Glorieta, y una luz de Alfaro que se resbalaba por la muleta de Diego antes de llorar como dos niños este pasado agosto en Bilbao. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

CÉSAR LUENA, ÁLVAREZ JUNCO Y ESPAÑA

Le pregunté el otro día en Twitter a César Luena –sin demasiada suerte, ésa es la verdad– si creía que era posible en España una izquierda con un sentido integrador de la Nación; una izquierda con una conciencia de España. No dijo nada. Al día siguiente me contestó. No directamente, pero me resolvió todas las dudas que me asaltaban a través de una de las lecturas que suele colgar periódicamente en su perfil y a las que presto singular atención. «En tiempos, por desgracia, de religión nacionalista por doquier, hay que volver a Álvarez Junco», tuiteaba Luena, que después subrayó un pensamiento del historiador catalán criado en mi querida Villalpando: «Me gustaría imaginar un futuro posnacional». No lo destacó el señor Luena, pero el siguiente párrafo del libro de Álvarez Junco no dejaba resquicio a interpretaciones: «Ver disolverse a la España en la que nací en una Unión Ibérica o en una Federación Europea no me haría derramar ninguna lágrima, sino todo lo contrario». Hay cosas de Álvarez Junco que me interesan mucho, como su idea de que un referéndum en Cataluña conduciría a España a la balcanización, y otras no tanto, como las que expone en su libro ‘Mater dolorosa’, en la que sostiene la dudosa tesis de que España es una invención de los nacionalistas españoles y la sitúa en el mismo plano con los nacionalismos periféricos producidos en los estertores del romanticismo. Y claro, ahí sí entiendo a Luena, situado detrás de la barrera en la equidistancia ante los que se han apropiado del concepto de España y los nacionalistas periféricos –conviene recordarlo– que llevan y quitan a Sánchez de la Moncloa. Lo que sucede es que España no pertenece al PP ni a Vox, España es la única garantía de igualdad y libertad frente al privilegio del nacionalismo.

o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja.

COMANDO RIOJA

Madrid Fusión es un lugar único. Cada edición se supera en muchos sentidos, incluso en el de la creatividad con varias ponencias verdaderamente memorables este año: la de la sal de Ángel León, que compartió su autoría de manera tan honesta como generosa con el riojano David Chamorro; la de Camarena y sus milagros líquidos y la no tan ponderada mediáticamente pero con un fondo técnico asombroso de Mario Sandoval, con el vino como eje de la elaboración de sus platos (en la página 9 de este Degusta se detalla el trabajo). El auditorio ha estado a tope todos los días y no sólo en las ponencias más esperadas: los talleres, los stands de ‘Saborea España’, la enorme sala polivalente y la zona de feria, que ocupa todos los espacios posibles del gigantesco Palacio de Congresos. Es una fiesta de la gastronomía única y de incalculable valor. Algunos cocineros, como la norteamericana triestrellada Dominique Crenn destacaron que no existe nada comparable en el mundo a lo que supone Madrid Fusión. Y no le falta razón... Y en medio del mundo, los cocineros riojanos que unidos como un solo hombre se han dado calor en sus respectivas intervenciones y triunfos y que presentaron una candidatura conjunta (y sufragada por cinco de ellos a razón de mil euros por barba con la presencia como pater familias en la distancia del maestro Lorenzo Cañas) para pujar por la trufa y elaborar conjuntamente una cena solidaria para recaudar fondos para la Cocina Económica. La ovación que se llevaron del auditorio fue apoteósica... Francis escribió el famoso ‘tuit’ de ‘Comando Rioja’ con un contenido revelador y que nos tiene que hacer pensar: «Esta comunidad pequeña está haciendo un grandísimo congreso, a base de talento y buen hacer y sin nadie que nos ampare». Es verdad. La Rioja y el Rioja brillaron por su ausencia en Madrid Fusión. Este año muchos cocineros de fuera de España han explicado su cocina con un sumiller al lado hablando y relatando los vinos de su territorio, los paisajes en los que nace su gente y su gastronomía. Comunidades vecinas como Aragón y Cantabria contaron con un despliegue alucinante de actividades gastronómicas: catas, demostraciones, ponencias de cocineros, productos, comidas para periodistas. A La Rioja y el Rioja las sentí merced al talento de nuestra gente, pero si un nexo, sin un plan... Como casi siempre. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

Nadie

ORTUZAR, EL ESPAÑOLÍSIMO

Resulta enternecedor contemplar a Andoni Ortuzar proclamando en su tuiter que es «nauseabundo lo que está haciendo la derecha española» con la cuestión del ‘relator’ de Pedro Sánchez y los infames y descabellados 21 puntos de Torra. Lo dice él, que es más de derechas que Fraga y más español que Blas de Lezo, con su banderita sabiniana de la ley vieja foral y de Dios por encima de todo como inevitable telón de fondo de su prosopopeya del diálogo y su chau-chau de la negociación infinita e inacabable. Ortuzar, el ‘jelkide’ mediocre y escondido tras la mesura jesuítica de Urkullu, apenas es una fotocopia decadente de Arzallus sin nadie que lo relate, sólo algún presentador de los debates de la ETB (donde fue jefe máximo, claro) y pare usted de contar. Por eso recurre al ‘tuiter’, como Rufián, pero con una calva esferoide y brillante y un cuello atragantado que le brota de la camisa como los ojos de un besugo de aquellos que se comió en esa sociedad gastronómica en la que asaba melones con Mendía y Otegui. Ahí no hablaba de los «paladines de la unidad de España». Él, paladín de esa arrogancia moral con la que navega sin mojarse nunca por las novias de los guardias civiles de Alsasua apaleados por los cachorrillos de su colega de banquete. Él, paladín de todos los agravios que llevan soportando desde que se murió Franco. Antes andaban en las gateras escondidos, o en misa, con aquel movimiento hermano que fundó Pujol en Barcelona: ‘Cristo y Cataluña’. «Le ardía en el pecho la devoción a María y el afán excursionista», que escribió Manuel Vicent. Igual que a Ortuzar, que lleva desde 1987 con el sello del PNV en el pechito inflado de sus nóminas. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja


AGRIOS VINOS

Una de las anécdotas más fascinantes de ‘Viaje en autobús’ de Josep Pla es cuando un amigo le ofreció probar un vino del país, absolutamente natural y elaborado por un tío suyo. A Pla le resultó agrio. ¿Cómo puede ser agrio si es del país, si es natural y si está hecho por mi tío?, le espetó el payés convidador. «¡Como si fuera hecho por su padre, amigo! El vino es agrio, es natural y está hecho por su tío», le respondió Pla, que razonaba que en su época (que es más o menos la nuestra) se ha realizado un monumental esfuerzo para eliminar del diccionario los significados más auténticos de las palabras y trocarlos por otros menos molestos. Agrio es ácido y hay vinos ácidos por muy naturales que sean, por mucho que sean originarios del país y aunque los haya elaborado el tío de alguien. Pla, que era un cabroncete impío, no acostumbraba andarse con rodeos. A una señora también le explicó que lavarse la cara no era lo natural: «Lo natural es malo socialmente hablando. Es mucho más natural no lavarse la cara que lavársela, y, sin embargo, hay que lavarse la cara». A Pla le encantaban estas discusiones nimias, aunque decía después que lo que más le gustaba era coincidir con todo el mundo siempre que la coincidencia fuera sobre «cualidades probadas». Me pregunto si a estas alturas nos queda alguna cualidad probada, algún asidero, alguna verdad trascendente o que al menos nos convoque a todos por unanimidad. ¿Es natural un yogur natural? Yo nunca he soportado los de sabores y con trocitos de algo parecido a una fruta liofilizada. Pero han tenido mucho éxito, como los programas de la tele que especularon y especularon y especularon... con el milagro de Julen doce días después de caerse por el maldito agujero. Eso sí que fue agrio y bochornoso. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

EL DIABLO DE ESTEFAN ZWEIG

Cuenta Stefan Zweig en un pequeño opúsculo titulado ‘Las hermanas’ que no es lo mismo llamar al diablo que verlo venir. Y parece que ahora reclamamos un Satanás a cada instante acariciando con tanta vanidad los precipicios más insondables a los que como sociedad parecemos abocados por la capacidad de autodestrucción que nos agita como un perro desbocado. Ronaldo haciendo el paseíllo camino al juzgado para declararse culpable, pagar una morterada y evitar la cárcel. El tipo como un divo, sonriente a guisa de un efebo embutido en un traje y unos calzoncillos que jamás se volverá a poner. Sus gafas negras, sus zapatillas blancas, su pareja y los periodistas embargados cantando sus glorias como si fuera el sumo pontífice… de la horterada. O los taxistas como lobos ancestrales lanzándose en manada a los ‘VTC´s’ y el tal ‘Peseto loco’ en la cúspide de la algarada con los políticos incapaces de poner una solución a la movilidad ciudadana y a la libertad coartada de los viandantes a los que se les cercena el tránsito. Isabel Celaà, la ministra portavoz, ha dicho que los que denuncian el adoctrinamiento en Cataluña son los fanáticos y Manuela Carmena se rompió el tobillo al llevar a Errejón (la última esperanza de la socialdemocracia) unas empanadillas de Móstoles. El diablo, harto de carne, se metió monje, recuerda Zweig, obnubilado y quizás alumbrado por uno de aquellos pensamientos ociosos que tanto le inquietaban: nada torna a la gente más desnaturalizada e insubordinada que una larga y constante ociosidad. Quizás estemos ya tan aburridos con nosotros mismos que hayamos tomado la última decisión de autoaniquilarnos, de concitar al diablo y que se nos aparezca un fraile. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

MORIRME

Sé que cada día estoy más cerca de morirme y me atormenta la certidumbre que me acompaña de saber a ciencia cierta que he vivido ya más –bastante más– de lo que me queda por vivir. Pienso en la muerte a cada paso que doy, en la incógnita de todas las incógnitas y atisbo que la muerte verdadera no llega cuando desfallece nuestro corazón sino cuando desaparece el portador de nuestro último recuerdo, de la postrera brizna de nuestro pensamiento, de la huella final de la que tras de sí ya no quedará nada. Por eso morimos dos veces y la última de ellas es inexorable y definitiva porque supone la desaparición de cualquier último rastro de nuestro paso por la existencia. En estas disquisiciones andaba Unamuno cuando escribió su oda a Salamanca: ‘Cuando yo me muera / guarda, dorada Salamanca mía, / tú mi recuerdo’. Unamuno sabía a ciencia cierta que moriría pero quería aliarse con la inmortalidad para evitar la segunda de las muertes, que era en realidad la que más le corroía, la que describió en su Cristo de Velázquez: ‘Por ti la muerte se ha hecho nuestra madre / por ti la muerte es el amparo dulce / que azucara amargores de la vida’. Como relataba otro vasco extraordinario, José Miguel de Azaola, Unamuno «no quería morirse del todo». Nadie lo quiere, ni vagamente el pensamiento suicida coquetea con el último umbral de nuestra morada. Confío pues en el último arrepentimiento antes de sobrepasar la puerta donde aguarda el mítico cancebero que a todos nos espera por igual, sin importarle los poemas que hayamos escrito o las mujeres que nos amaron. Todo se disolverá cuando el último recuerdo cierre los ojos y se confunda con el infinito. ‘El sueño va sobre el tiempo / flotando como un velero / nadie puede abrir semillas / en el corazón del sueño’, que cantaban Federico y Camarón. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

LE LLAMARÉ FUENTERRABÍA

No hay peor veneno en la política española que el del nacionalismo. Padre y madre de todas las utopías y distorsionador máximo, por excelencia y absoluto de la realidad hasta convertir en absurda reivindicación cualquier cuestión menor y hacer trascendental la diferencia para emponzoñar obras y vidas y empobrecer las relaciones sociales para definir quién es ciudadano de aquí y nuestro y quién se sitúa dramáticamente fuera de la raya de la imaginaria y sacrosanta identidad y convertir el origen no en un accidente sino en una virtud que cualifica. Hay una obsesión regional (con las élites políticas del País Vasco y de Cataluña a la cabeza) para borrar cualquier rasgo que pueda recordar remotamente a España en cualquier ámbito de la vida social, cultural o geográfica. Sigo en 'tuiter' una preciosa cuenta dedicada a la "memoria de los hombres de la expedición de Magallanes y Elcano, que tras lograr llegar a la 'Especiería' quisieron ser los primeros en dar la vuelta al mundo". Pues bien, hace unos días subieron el maravilloso mapamundi de Urbano Monte, de 1587. Me acerqué a ver qué salía del norte de España y aparecía en grande 'Fonterabía', sin duda la denominación 'franquista' que han hecho desaparecer del actual nomenclator oficial del País Vasco, donde solo se acepta Hondarribia; al igual que Lérida y tantas otras ciudades, pueblos o valles en las que se ha desterrado el nombre en español como si diera vergüenza apellidarse López o Martínez. No tratan de convivir, no. Lo que hacen es sepultar la identidad que aborrecen para imponer únicamente con la que sueñan. Nos hemos dejado borrar, arrebatar las palabras y la historia. Y eso no es otra cosa que perder la dignidad y el futuro. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja