MORIRME

Sé que cada día estoy más cerca de morirme y me atormenta la certidumbre que me acompaña de saber a ciencia cierta que he vivido ya más –bastante más– de lo que me queda por vivir. Pienso en la muerte a cada paso que doy, en la incógnita de todas las incógnitas y atisbo que la muerte verdadera no llega cuando desfallece nuestro corazón sino cuando desaparece el portador de nuestro último recuerdo, de la postrera brizna de nuestro pensamiento, de la huella final de la que tras de sí ya no quedará nada. Por eso morimos dos veces y la última de ellas es inexorable y definitiva porque supone la desaparición de cualquier último rastro de nuestro paso por la existencia. En estas disquisiciones andaba Unamuno cuando escribió su oda a Salamanca: ‘Cuando yo me muera / guarda, dorada Salamanca mía, / tú mi recuerdo’. Unamuno sabía a ciencia cierta que moriría pero quería aliarse con la inmortalidad para evitar la segunda de las muertes, que era en realidad la que más le corroía, la que describió en su Cristo de Velázquez: ‘Por ti la muerte se ha hecho nuestra madre / por ti la muerte es el amparo dulce / que azucara amargores de la vida’. Como relataba otro vasco extraordinario, José Miguel de Azaola, Unamuno «no quería morirse del todo». Nadie lo quiere, ni vagamente el pensamiento suicida coquetea con el último umbral de nuestra morada. Confío pues en el último arrepentimiento antes de sobrepasar la puerta donde aguarda el mítico cancebero que a todos nos espera por igual, sin importarle los poemas que hayamos escrito o las mujeres que nos amaron. Todo se disolverá cuando el último recuerdo cierre los ojos y se confunda con el infinito. ‘El sueño va sobre el tiempo / flotando como un velero / nadie puede abrir semillas / en el corazón del sueño’, que cantaban Federico y Camarón. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

LE LLAMARÉ FUENTERRABÍA

No hay peor veneno en la política española que el del nacionalismo. Padre y madre de todas las utopías y distorsionador máximo, por excelencia y absoluto de la realidad hasta convertir en absurda reivindicación cualquier cuestión menor y hacer trascendental la diferencia para emponzoñar obras y vidas y empobrecer las relaciones sociales para definir quién es ciudadano de aquí y nuestro y quién se sitúa dramáticamente fuera de la raya de la imaginaria y sacrosanta identidad y convertir el origen no en un accidente sino en una virtud que cualifica. Hay una obsesión regional (con las élites políticas del País Vasco y de Cataluña a la cabeza) para borrar cualquier rasgo que pueda recordar remotamente a España en cualquier ámbito de la vida social, cultural o geográfica. Sigo en 'tuiter' una preciosa cuenta dedicada a la "memoria de los hombres de la expedición de Magallanes y Elcano, que tras lograr llegar a la 'Especiería' quisieron ser los primeros en dar la vuelta al mundo". Pues bien, hace unos días subieron el maravilloso mapamundi de Urbano Monte, de 1587. Me acerqué a ver qué salía del norte de España y aparecía en grande 'Fonterabía', sin duda la denominación 'franquista' que han hecho desaparecer del actual nomenclator oficial del País Vasco, donde solo se acepta Hondarribia; al igual que Lérida y tantas otras ciudades, pueblos o valles en las que se ha desterrado el nombre en español como si diera vergüenza apellidarse López o Martínez. No tratan de convivir, no. Lo que hacen es sepultar la identidad que aborrecen para imponer únicamente con la que sueñan. Nos hemos dejado borrar, arrebatar las palabras y la historia. Y eso no es otra cosa que perder la dignidad y el futuro. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

LE DICEN PERIODISMO Y ES BASURA

A veces leo cosas y vomito: «Los vecinos de la localidad de Amer (Selva), pueblo natal de Carles Puigdemont, han podido recuperar la estelada de hierro que el lunes fue serrada por un comando unionista que se dedica a sustraer simbología independentista». Así se las gastan en el ‘Nacional.cat’, un medio nativo digital catalán hinchado a subvenciones por la Generalidad y dirigido por José Antich, director de la muy honorable ‘La Vanguardia’ durante catorce años. Considerado maestro de periodistas, José Antich ahonda en la información de la sustracción de la estelada metálica con un ‘precioso’ tuit de Joseba Azcárraga, ex consejero de Justicia, Trabajo y Seguridad Social del Gobierno vasco: «Apuntar (sic) esta matrícula de este SEAT Ibiza. Es el vehículo de quienes destrozaron la estelada en forja». Azcárraga –dónde irá el buey que no are– en su línea históricamente oprimida por el Estado español, ordena (aunque confunde el infinitivo con el imperativo) que se identifique al miembro del ‘comando unionista’ en una ‘información’ que se remata asegurando que una vez localizado por los vecinos, el unionista «se echó a llorar». Esta basura la pagamos todos. En concreto, Antich recibió 389.712 euros del gobierno secesionista que el año pasado repartió entre sus medios afines unos tres millones de euros. Pura propaganda ante la que los gobiernos centrales han sucumbido, incluso durante el 155 la Generalidad renovó por 7,4 millones sus ayudas a la prensa que llama ‘president’ a Carles Puigdemont, exiliados a los fugados o presos políticos a los políticos presos. Pero José Antich lo tiene claro: «Mi vocación es hacer un diario transversal. Queremos hacer un periódico básicamente informativo para que se sepa la realidad». Ja, ja, ja...

SOLILOQUIO CARCELARIO

Suelo pasar por la cárcel cuando me arreo esas caminatas que me doy desde el verano y que me están haciendo descubrir otro tipo que habita en mí y al que hasta ahora prácticamente desconocía. Al principio, para no escucharme, me ponía cascos y me entretenía con música y podcast, pero ahora prefiero caminar a solas con el personaje que me acompaña para charlar con él y rebajarle los humos. Les decía que me acercaba a la prisión y era esa hora rara e indefinida del atardecer, cuando las siluetas dejan de ser precisas y todo comienza a confundirse más de la cuenta. La cárcel, sin embargo, acongoja por su evidencia, por sus torres prefabricadas e inalcanzables, y por la sensación absoluta de desamparo que contiene todo el frío que emana de sus muros. Salió de la puerta principal una mujer de media edad, de media estatura y de media melena. Vino hacia mí como si me estuviera buscando, con los ojos ateridos y una mirada difuminada de lágrimas. Me estremecí. Yo caminaba pero en el fondo iba dando pasos hacia atrás para no cruzarme con ella. Pasó a mi lado y me ignoró como quien se sacude a un fantasma. Parece muerta, me dije. Rota, desvencijada, hundida…, caminaba sola, con pasos imprecisos pero huyendo de todo aquello. Continué caminando y diez o veinte metros más allá no pude resistirlo y me di la vuelta. Su media estatura y su media melena se alejaban entre el silencio y la oscuridad hasta que se convirtió en un punto indescifrable con la noche cernida ya sobre el horizonte. Me dieron ganas de preguntarle, de saber de ella, su historia, quién tenía dentro. Pero como un buen cobarde me di la vuelta y proseguí mi camino con ese personaje que ya no paró en toda la tarde de hacerme preguntas. ¿Y tú eres periodista? o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

ENTRE VENUS Y JUAN BELMONTE

Montaingne escribió en ‘Los Ensayos’ que el verdadero ejercicio de la caza es la persecución de la presa; es decir, la venación del venado. Esta hermosa palabra ha desembocado en el Román Paladino desde el latín ‘venatus’, que es el animal cazado, la pieza que persigue el cazador y de la que también surge la designación del arma con la que se cobraba: el venablo. Escarbando en la etimología, el origen más remoto hay que buscarlo en el indoeuropeo, esa lengua ideal e imposible que nadie habló pero que construyeron los arqueólogos de la palabra para explicarse entre los filólogos el humus más profundo de nuestra forma de comunicarnos. Pues bien, parece que procede de una raíz (wen) que expresa deseo, esfuerzo y búsqueda. Y precisamente Venus, la diosa del amor y del sexo, comparte el mismo origen, al igual que el veneno y lo venial, que significa hasta cierto punto lo perdonable. No he ido a cazar en mi vida, ni estoy seguro de que los cazadores sepan que en el fondo cuando se escurren por esas veredas persiguiendo venados, tórtolas o perdices tengan muy presentes las diatribas de Michel de Montaigne y que ni mucho menos estén con la cabeza en la Diosa del amor y sus efluvios carnales. Los cazadores están –como lo estamos los taurinos– en el punto de mira (nunca mejor dicho) de los humanos que han patrimonializado la «conciencia animal» hasta tal punto que sólo es moral su contemplación o su castración preventiva. Existen casi un millón de licencias de cazadores, que más o menos son las mismas almas que llenan Las Ventas durante un mes de San Isidro. Como se ve no somos casi nadie pero no queremos que ningún partido utilice nuestra pasión. Dejen de perseguirnos, déjennos entre Venus y Juan Belmonte. o Este artículo lo he escrito en Diario La Rioja

EL ASESINO DEL CANTE

Una soleá de Enrique Morente tiene la virtud de transportarnos a la esencia del tiempo: allí donde no cabe más estrategia que cerrar los ojos y dejarse llevar por el grito ancestral, por el susurro o por la masticación pura del cante flamenco. Era Morente uno de esos genios que habitaron entre nosotros; ocho años lleva muerto el ‘ronquillo’ del Albayzín y no me acostumbro a su silencio, a no verlo anunciado en los conciertos, a recurrir a él en grabaciones o vídeos enlatados en la nube metafísica que nos rodea por doquier y que trata de vengar la muerte con recuerdos y evocaciones que ya no son mas que fantasmas. ¡Qué belleza!: «Si sufres, sufres callando y no publiques tus penas», cantaba el maestro al tran tran de Pepe Habichuela, que se recreaba a su lado, que se crecía y recrecía como un río desbocado que surcaba meandros de plata. Morente por soleá, casi en silencio lo dice todo, con dentelladas de respiraciones para siempre huérfanas, sin alivio para mis penas, Enrique; y aunque te dijeran mil veces los matones del alma asesino del flamenco, mil veces más volvería a seguirte para precipitarme en tus ecos. Morente: «El cante es decir las penas que se tienen escondidas». Y te rompías después; y nos daba por llorar escuchándote el demoledor quejío de aquella garganta tuya inmarcesible. Morente, el puro genio de la locura cuerda de la inspiración. Nicolás Guillén y su canción del Bongó, que tanto bien me hizo: «Quien por fuera no es de noche por dentro ya oscureció». Y Enrique allí, al lado de las palomas negras del East River de Nueva York, con Rafael Riqueni mirándole a los ojos con su guitarra prendida por alfileres invisibles cuando tocaba para él y no había palabra capaz de superar aquellos desatinos del asesino del cante. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

MASCOTAS Y ESTÉRILES

La ley animalista que acaba de aprobar el Parlamento de La Rioja –con el voto contrario del Partido Popular y con la diputada de Ciudadanos Rebeca Grajea como impulsora, entusiasta y defensora a ultranza de la misma– desnaturaliza de tal forma a los animales a los que pretende defender que no hace otra cosa que degradarlos y convertirlos únicamente en mascotas esterilizadas que acabarán mirando con conmiseración y tristeza a las señorías que han perpetrado semejante articulado. Es tan absurdo el asunto que la policía gatuna y canina que a buen seguro tendrá que habilitar el Gobierno autonómico nos podrá multar hasta con 5.000 euros de vellón por la grave infracción que a partir de ahora constituye «el traslado de gatos domésticos y cualquier otro animal de compañía a parcelas, huertos o terrenos situados fuera del casco urbano donde se mantengan en estado de libertad o de forma incontrolada». (Punto 22, del artículo 54). En la exposición de motivos nos inundan con una perorata animalista absolutamente discutible en la que se une la bondad del hombre al trato con los animales y punto. En la Alemania nazi los animales tenían más ‘derechos’ que los judíos y tal y como escribió el filósofo Fernando Savater es pueril decir que los animales son inocentes puesto que no pueden ser culpables. Resulta asombroso que la palabra que más aparece en la ley es ‘esterilización’, unida a sanción y divulgación. Estoy convencido de que la mayoría de nuestros diputados no la han leído, aunque la han votado (eso sí). Y también cómo se han dejado colar un gol por la escuadra por las grandes multinacionales de las ‘mascotas’ traicionando a esa Rioja rural y campesina que dicen defender y a la que desconocen como parece que les sucede con su fauna. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

REPUBLICANOS, A SECAS

Los independentistas vascos y catalanes han dejado de llamarse así y ahora se dicen republicanos a secas. Les duele el Rey y quieren deslegitimarlo para derribar la Democracia, el Estado de Derecho y finalmente, la libertad. Su objetivo es apoderarse de su reino de Taifas, nombrar a los jueces e instaurar su soberanía partidaria y excluyente de ciudadanos tipo A (ellos) y ciudadanos tipo B (nosotros). El Parlamento vasco aprobó ayer, con los votos del PNV y EH Bildu (socios del doctor Sánchez, conviene no olvidarlo ni un segundo) un documento en el que se expresa que la Constitución Española tiene una «base antidemocrática e históricamente falsa» porque «impone» la unidad de España. La barbaridad de esta ‘cosa’ casposa llega a límites estrambóticos al asegurar que dicha unidad «no fue, ni es, consecuencia de la libre adhesión y voluntad de los Pueblos». Y como se votó hace muchos años, hay que destruirla, puesto que «una generación no puede sujetar con sus leyes a las generaciones futuras». Y para acabar con el engendro, los herederos de la ETA en comandita con sus socios ‘sabinianos’ tienen la amabilidad de explicarnos que «en una sociedad democrática todo cargo público de representación debe ser elegido y renovado a través de elecciones. Y que este principio y valor debe hacerse extensivo a la Jefatura del Estado». El problema no es que lo piensen, la cuestión es que llevan introduciendo este ‘veneno’ identitario en la sociedad desde hace décadas porque en realidad lo único que persiguen es la destrucción de España para imponer su Estado Único (en forma de república popular nacionalista) en las tres provincias vascas y si se puede, en Navarra, que es objetivo primordial. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

‘CARO' E IÑAKI

Carolina e Iñaki han logrado un sueño. Hubo dos personas que me dijeron que eran muy buenos cocineros. El primero de ellos fue Ignacio Echapresto, que conoce a Iñaki a la perfección tras los tres años que pasó a su lado en los fogones de Venta Moncalvillo. Después me habló Juan Carlos Ferrando, que está a punto de abrir un restaurante en Logroño (que será antológico, ya lo verán) y que los tuvo a sus «órdenes» en su aromática cocina del Hotel Vibra: «Estos chicos son muy buenos y tienen mucha pasión, mucha formación a sus espaldas e increíbles dosis de humildad». Me dijo dónde iba a brotar Íkaro y me solía pasear desde fuera a ver cómo iban las obras del asunto. Me encantó la decoración, la difícil sencillez de las líneas de un local sin más pretensiones estéticas que ser acogedor y agradable. Pero eso es lo de menos, aunque todos los detalles son fundamentales para dotar de personalidad a un local. La primera vez que los vi trabajar juntos en Íkaro rebosaban de nervios, como dice Carolina: «aflorando», que es una expresión de su Cuenca ecuatoriana natal, tal y como ella misma me aclaró con su parsimoniosa dulzura. Su explosión en los días de la apertura fue descomunal y la primera vez que me senté a cenar, amablemente invitado por ellos, descubrí una cocina increíblemente técnica y depurada en la que afloraba tanto el conocimiento del oficio como una cierta y lógica indefinición de sensaciones. La siguiente experiencia fue con José Mari Aizega, director del Basque Culinary Center, que quería comprobar de primera mano cómo era la puesta en los parámetros de la realidad de los dos alumnos de la universidad gastronómica. Aizega y este ‘menda’ salieron emocionados del trabajo de ambos cocineros y la sensación es que mejoraban cada día en todo: servicio, platos, maridajes. Ha llegado la estrella. Les confieso que yo pensaba que, al menos, se iba a demorar un año más, sobre todo después de que en la pasada edición de la guía roja se concediera la primera de la ciudad para el fantástico Kiro de Felix Jiménez. Pero los inspectores no han querido esperar. Y lo entiendo. La magia y la originalidad en la cocina necesita ese reconocimiento vital para seguir trabajando. Ellos llevaban unas semanas inquietos por mor de la rumorología, de los avances periodísticos, de las llamadas de amigos. Fueron a Lisboa «aflorando», recibieron las chaquetillas y ala vez una responsabilidad enorme de convertir a su Íkaro en una referencia de la gastronomía de Logroño. Ojalá sigan por este camino tan bello y duro.

NI SIQUIERA DIOS

Creo que fue San Agustín el que escribió que «ni siquiera Dios puede hacer que lo que fue no haya sido». Y por mucho que Ana Pastor se empeñe en borrar de las actas del Parlamento lo de fascista y golpista que se intercambian entre las bancadas de los grupos políticos, los venablos han sido lanzados. Yo me estaba afeitando al mismo tiempo que Rufián ‘estercoleaba’; Rufián, el zangolotino sicario soberanista de la palabra-estiércol que ha hecho de la impostura su abnegado eslabón con el sueldo y las prebendas de diputado en el Congreso de España. No me corté de milagro. Y llegó el presunto escupitajo a Borrell; y después el silencio de Sánchez, de Lastra, de la ministra reprobada de Justicia y la censura de las palabras de la presidenta del hemiciclo. La dignidad arrastrada como nunca. La dignidad de los parlamentarios no se puede maquillar. Se tiene o no se tiene. Y Sánchez calla ante la disparatada afrenta de ERC, socio suyo de este gobierno fantasmagórico e ilusorio que no puede gobernar pero que surca los cielos con su presidente Willy Fogg que es dos personas a la vez –y vuelvo a San Agustín– pero que no está por completo en ninguna de ellas. La hemeroteca desmiente a Sánchez sin piedad, pero ya nos aclaró Carmen Calvo (para la que la división de poderes es una filfa), que una cosa es Pedro y otra Sánchez, que son dos almas distintas a conveniencia de las circunstancias, de lo que le pida Torra, Tardá o incluso Rufián abriendo sus brazos como el Cristo Redentor de Río de Janeiro sobre el Cerro del Corcovado. Y Borrell más solo que la una desmentido por el silencio cómplice de sus compañeros de gabinete... La pregunta es por qué no ha dimitido. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

HUELE MUCHO A PORROS (EN LOGROÑO)

Cada vez huele más a marihuana en Logroño. A veces cuando paseo cerca de un instituto a la hora del recreo el aroma que emana de los grupos de estudiantes es asqueroso. El otro día caminaba detrás de unas chicas (no más allá de 17 o 18 años la más talludita) y hasta les espeté que me estaba ‘colocando’ con el humo de su canutos. La droga mata, les dije, anula la conciencia y el sentido crítico ante la vida y te relega el alma a una especie de descrédito con uno mismo que te hacer ser sencillamente insoportable y fútil. He comentado con muchos amigos el fenómeno de los porros en la ciudad y más o menos casi todo el mundo tiene la misma percepción que yo he sentido en mis fosas nasales y que me llama la atención no porque me esté haciendo viejo y pesaroso, que también; sino porque de joven fumé muchos canutos y recuerdo algún que otro amigo vencido por las drogas, destrozado por ellas y finalmente enterrado por sus efluvios. He visto decadencias dolorosamente largas, caídas y recaídas hasta la misma muerte y por eso no soporto esta especie de conquista de los canutos sobre chavales que tienen la edad de mis hijos y que sin darse cuenta se entierran cada día en un precipicio monstruoso y horrible. Cuando yo era joven (hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo) podíamos fumar porros libremente en los conciertos de Jazz del Festival de Vitoria y apodar al coche del colega que nos llevaba el ‘Alcohol Milenario’. Éramos tan inconscientes como en potencia suicidas. Miro hacia atrás, reviso esos treinta años que sin duda han pasado y me echo a temblar. ¿Cuántos se habrán quedado por el camino? Parece guay fumar porros pero es una forma asquerosa de arruinarse la vida. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

ALIANZA ENTRE EL VINO Y LA COCINA

No podemos vivir de espaldas a lo que está sucediendo en La Rioja gastronómica y la pequeña revolución que provoca la concurrencia de personajes, ideas, proyectos y sueños que se citan en torno a la cocina y el vino en una región que no puede ni debe olvidar que es conocida en el mundo por estar íntimamente ligada a su líquido elemento. La cocina de La Rioja vive sumida en un efecto multiplicador que había comenzado antes de la crisis pero que se frenó en seco a finales de la década pasada por el efecto devastador del desplome absoluto de la economía. Por el camino se quedaron varios proyectos gastronómicos interesantísimos que hubieran sobrevivido en otras circunstancias pero que fueron arrollados por la conjura de los necios de aquel terrible batacazo. También se paralizaron otros y sólo locos como Francis Paniego se atrevieron a apostar por Logroño en un momento de dura y absoluta desbandada. Nació Tondeluna, que navegaba en solitario entre las nuevas apuestas de una ciudad que parecía haberse atascado en un único modelo que estaba aparejado con la tradición y que cuenta con varios espacios emblemáticos conocidos y admirados por todo el mundo, verdaderas referencias del buen comer. Pero había un vacío que sólo Tondeluna se atrevió a desafiar y como lo hizo con éxito -a pesar de los inevitables agoreros que creen que todo va a salir mal-, varios jóvenes empresarios y cocineros más dieron el salto de la creatividad a los números y a las aperturas con riesgo para su futuro y sus tarjetas de crédito. Y vendrán más, alguno de ellos muy pronto. Logroño ha cambiado radicalmente su faz gastronómica con la novísima oferta de restaurantes como Kiro, Íkaro o Ajo Negro, lugares de culto donde el riesgo de la vanguardia viene acompañado también por la pasión de sus jóvenes chefs de buscar caminos inesperados que hasta hace unos años parecían prohibidos para una ciudad como la nuestra. Esta cocina demanda un servicio, un vino y lleva a aparejada un cliente con criterio que siempre pide más en todos los ámbitos. Estamos ante una oportunidad única para La Rioja, para la emblemática alianza entre el vino y sus bodegas y la gastronomía y sus restaurantes. La cocina es la mejor embajadora para el vino; los sumilleres, las cartas, los platos pensados para ser disfrutados con la presencia cada vez más estudiada y más exquisita del vino marcan las pautas de la cocina contemporánea en el mundo. La Rioja tiene la obligación de situarse a la cabeza de este movimiento y las bodegas han de actuar con generosidad para que los restaurantes propongan aventuras gastronómicas con el vino como inspiración. o Este artículo lo he publicado en Degusta La Rioja

MORIRME

Sé que cada día estoy más cerca de morirme y me atormenta la certidumbre que me acompaña de saber a ciencia cierta que he vivido ya más –b...