MIRARTE COMO EL MAR

Aveces te miro como el mar, sin cansarme de verte; y me doy una vuelta por tus cosas. Por tus pequeños enseres cotidianos que flotan en mi memoria como esos recortes de viejos periódicos que acumulo entre hojas remotas de mis libros y el día menos pensado reaparecen como si nada. Hay cariños que condenamos al ostracismo y nos asaltan ahora como un asombro inopinado. Temblores y miedos de antaño que parecen agazapados a la vuelta de cualquier esquina en la que me esperabas cuando llegaba tarde. O no llegaba, porque pensaba que había cosas más importantes que mirar el mar, que es como mirarte a ti sin cansarme de verte. Tus ojos, las olas, aquellas sandalias, la pulsera que perdí, la cala roja, un vino con aquel pincho y la voz de Morente con su viejo bajel de guerra, y sobre la vela el viento y sobre el viento tú. A veces no sabemos que tenemos ojos y nos ahorramos la vida mirando sólo hacia los adentros. Y el mar siempre está ahí aunque toque noche sin luna y nos falte olfato y pericia para comprender las gramáticas de las mareas y el sabor a sal rociando la boca de tus enseres cotidianos, esos que ahora ordenas compulsiva, como si estuvieras creando un índice absolutamente perfecto de cosas y cajas. Mi orden atiende a razones que no soy capaz de comprender; estrategias que no entiendo, voces que me recibieron con el alivio de un náufrago cuando se queda a solas con el mar y pierde las horas contemplando el devenir de mis heridas reflejadas en el agua blanquecina de los amaneceres tibios sin que le atosiguen los tiburones de la vida. El mar no espera a nadie, me dicen los libros de viajes. A no ser que tú seas el mar y yo un navegante sin rumbo ni espuelas, un perfecto idiota ceñido a cualquier derrota. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

EL PP Y EL CORNER DE LIVERPOOL

El panorama es sombrío para el Partido Popular. Se miran entre sus líderes y no se creen lo que les está sucediendo. Como a los jugadores del Barça con el córner surrealista que les madrugó el Liverpool. Imposible y absurdo. Parece un mal sueño, se dicen entre ellos, o entre los que quedan si es que se comunican más allá de Whatsapp. ¿Cómo empezamos a joderlo todo? Se preguntan cómo si no fueran capaces cada uno de ellos de sacar del bolsillo un cuaderno atiborrado de agravios e incumplimientos con sus votantes y básicamente con sus ideas. Ahora le echan la culpa a Vox o a Ciudadanos; se pelea Pablo por el liderazgo de la oposición con Rivera como un capitán de un barco que se sube al castillo de popa a contemplar el hundimiento mecido por una sonrisa de náufrago que no se la quita nadie porque es una mueca que labra arrugas como surcos en la tierra. En La Rioja, tres cuartos de lo mismo. Los que fueron y ya no están se calientan la boca con la incapacidad de los que están. Y los que están reprochan algo parecido a los que se fueron. Pedro Sanz, ahora ya desaparecido del combate, tiene mucho que ver con este cataclismo en el que se ha sumido una fuerza que hace tiempo que ha perdido sus señas de identidad porque lo que interesa de verdad es aferrarse a la tabla de salvación del cargo. Y más allá del poder apenas queda nada, ni impulso, ni ideas, ni liderazgo para sobreponerse a los malos tiempos. El bolso de Soraya en el escaño vacío de Mariano, con Mariano en el bar y Sánchez de presidente. Los sorayistas de ayer son los pablistas de hoy. Aquel aguerrido PP de Pedro Sanz se movía al estímulo de un solo corazón. ¿Era por el hombre? No, el poder es el pegamento más fiable. ¿Verdad?

¿CHACHAS CATALANAS EN SEVILLA?

El nacionalismo es una de las enfermedades sociales más cruentas y dolorosas que se expone a padecer una sociedad rica y opulenta de un país occidental. En el siglo XXI, el nacionalismo (que hunde sus raíces más profundas en el romanticismo del XIX y que tuvo en España a pensadores de la talla de Sabino Arana y Enric Prat de la Riba, entre otros próceres) afecta a las regiones más ricas, protegidas en cuanto a servicios y asistencia a sus ciudadanos y en la que se crean por doquier taras mentales de imposible explicación. El nacionalismo, a su vez, suele venir ahormado por un carácter de superioridad moral e intelectual en el que se da la extrema paradoja por la que los más bobos y retrasados de un país no tienen la menor dificultad en someter a los ciudadanos más listos y económicamente más desarrollados. Y lo peor de todo, en muchas ocasiones el nacionalismo recurre a la violencia para imponer sus ideas de liberación. Todas las regiones de España, encabezadas por Madrid, oprimimos al País Vasco y especialmente a Cataluña. Que lo sepan. ¿Se han preguntado los señoritos de Barcelona cuántas chachas catalanas sirven en Sevilla? No. ¿Cuántas vascas, con al menos seis apellidos euskaldunes, trabajan en los supermercados de Madrid? No. Por eso la Generalidad de Torra le ha concedido la Cruz de Sant Jordi a Nuria de Gispert, una señora que ha destacado «en la defensa de la identidad catalana en el plano cívico y cultural» llamando una y otra vez cerdos y cerdas a Inés Arrimadas, Enric Milló, Juan Carlos Girauta y Dolors Monserrat. El nacionalismo es un virus destructor que ahora quieren inocular también en el mundo del vino de Rioja. Qué Dios nos pille confesados. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

VOTAR DUELE MÁS QUE NUNCA

El pánfilo buey Marius mordisquea una ramita que sensiblemente le ofrece la candidata del Pacma. Garrido, uno de esos tipos con ideales que tanto abundan en el panorama, salta de un barco que parece hundirse a otro que dicen que todavía flota. (Soraya apura la copa por si hay debacle, ¡ojo!). Y Sánchez parece ingrávido cuando profundiza en la misma nada de su discurso y divaga sobre el cambio climático al preguntarle por enésima vez ante los indultos a los cabecillas del golpe. Pablo Casado vacila entre caerle bien a Gabilondo por la vía de Maroto o rebañar votos a través de Díaz Ayuso, que parece salida de un póster de la Sección Femenina. Rivera sigue con su tenderete de artefactos inútiles y Pablo Iglesias se ha sumido en la lectura de la Constitución Española mientras ondea la bandera independentista de Canarias y se viste de franciscana moderación en los debates. (Ya no le cree nadie, sólo Garzón, que rivaliza con la nada). A Abascal lo llevan en volandas el descrédito de los partidos, la demagogia de la izquierda que ha olvidado a España, la conversión del PP en una oficina de empleo y la rendición de las obsoletas estructuras de poder en décadas de desafío del supremacismo catalán. Me temo lo peor en estas elecciones absolutamente imprevisibles. El debate riojano resultó pobrísimo con los candidatos uncidos al yugo del pánfilo buey Marius de la obediencia debida del argumentario mil veces recitado. ¿A quién votar?, me pregunté absorto en la contemplación. Siempre he metido las papeletas en las urnas a la contra, unas veces con las pinzas en la nariz; otras, las más, con el voto repleto de poemas metafísicos. Votar duele más que nunca aunque hace mucho tiempo que votar no era tan necesario como ahora. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

BUSCADME EN RENTERÍA

Soy un ciudadano de Rentería hoy aquí en Logroño; un ciudadano de Logroño en Rentería mañana mismo si me apeteciera coger el coche e ir a tomar unos vinos por allí o comer en Mugaritz que está en una lomita próxima al pueblo donde si vas a dar un mitin con una bandera de España te asalta una colección de mendrugos perfectamente orquestada por la extrema izquierda radical nacionalista y te insultan y amenazan con el cariz de su grito turbador en el cuello. Como dejó meridianamente claro en su tuiter Maite Pagazaurtundúa, el acoso que sufrió Ciudadanos fue concertado y forma parte de una estrategia política antidemocrática articulada a través de la organización Ernai, vinculada a Sortu y heredera de las ilegalizadas Segi y Jarrai. Es decir, los brazos directos de Otegui, que no es otra cosa que la sombra de ETA y su mafia política intentando limpiar la sangre con su saliva indecorosa. Dice Ortuzar (jefe político del PNV) que no van a permitir que gobiernen las «tres derechas en Madrid», pero mantiene infinidad de lazos para gobernar y legislar con Otegui y su plétora de seguidores allá donde haga falta. El objetivo es claro y lo hacen con sigilo: romper la Nación Española, destruir la Constitución y reventar la soberanía nacional. Y para ese fin no hay media tintas: expulsar de la vida social a cualquiera que no pase por el aro que han definido entre ambas organizaciones políticas que sólo ven el Estatuto de Guernica como un mal menor pero necesario para su estrategia. Por eso, entre los salvajes de Rentería estaba dando bocados Aitor García Sánchez, uno de los tres condenados por quemar vivo en 1995 al ertzaina Jon Ruiz Sagarna. Los de siempre a lo de siempre. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

TE AMO RATITA MÍA

Siempre que llueve aprieto a correr. Hoy no; hoy voy despacio, más despacio que nunca porque correr cuando llueve tiene connotaciones de periférica huida de uno mismo. Había salido a caminar y por eso tenía tiempo suficiente para no tener que azorarme y apretar el ritmo. Quería deleitarme con el rumor trémulo de las finas gotas de lluvia empapándome la ropa. La lluvia siempre nos hace sacar nuestro carácter defensivo ante la vida y cuando llueve, las aceras se vacían de viandantes y se llenan de atletas. Pero hoy no, hoy prefiero caminar y escuchar el zumbido del agua sobre mi chaqueta permeable y empaparme de arriba abajo como Clint Eastwood en la escena final de los Puentes de Madison con Meryl Streep. Empezando por las zapatillas y que por capilaridad, el agua –bendita agua– moje mis calcetines, y mi piel, y mis uñas… y vaya trepando por los pantalones, incluso los calzoncillos los quiero sentir mojados... Hoy no; hoy no voy a correr, hoy estoy caminando solo, con una pequeña tormenta débil y caprichosa que parecía arrepentirse de su tormentosa esencia pero que dejaba asomar un tímido rayo de luz que me permitía contemplar cómo rebotaba mi sombra en una pared que ponía: «Te amo, ratita mía». Me alucinan los ingenios de la poética popular que de pronto aparecen en los costados y en las faldas de los pueblos y las ciudades y te deslumbran como un verso de Lope de Vega. Sigo escuchando la tormenta a lo lejos, una tormenta que ya apenas bramaba pero que hacía que me sintiera vivo, a pesar de que el agua cada vez caía más suave, más lenta y yo me notaba más perezoso. Acabé con el agua, un rayo de sol y una señora que se me quedó mirando cómo si yo hubiera sido el autor de la pintada. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

EL LOCO ERA YO

Iba caminando. Escuchaba y cantaba para mis adentros (pero moviendo la boca) una coplilla que dice algo así que cómo me duele cuando me miran de lado tus ojitos verdes ¡Cómo me duele! Yo iba exactamente con Salomé Pavón, toda rota de melancolía en mis auriculares. En éstas se me cruzó una señora que gritaba enfadada como una cafetera a punto de estallar y haciendo hasta pucheritos con su boca burbujeante. ¿Qué le pasa?, le grité. Se me quedó mirando ensimismada. «Escucha, espera un momento», musitó al cuello de su camisa. ¿Y a usted?, me espetó. –Nada. Que pensé que necesitaba ayuda. Me clavó sus ojos color marrón glacé en mi mismo iris y me dijo que si era gilipollas. «Yo o usted», le pregunté. Salí corriendo. Los auriculares fuera de las orejas, las gafas de sol en la mano y la vergüenza en los pantalones. Yo cantaba y ella discutía por teléfono. Salomé Pavón era mi inspiración y mi desconsuelo; ella estaba de bronca con sus fatiguitas al manos libres. Y en mitad de aquel absurdo tecnológico, me precipité en ofrendar mi ayuda a alguien que se valía por sí misma y a la que se ofreció para nada un tipo ensimismado con gorra y gafas de sol cantando los ojos verdes de la Pavón. Fue al lado de Alcampo, donde la parada del autobús y frente a la comisaría cúbica de la Policía Nacional. Yo era el loco; usted, a lo mejor, aquella señora grácil; la mujer cuerda que discutía con la nada de los teléfonos inalámbricos y de la que pensé que necesitaba ayuda. Comunicación, al mundo le falta comunicación. Estamos tan conectados que nos hemos convertido en solitarios castillos de ira. Fantasmas que hablan a la nada y predican en el desierto de los pinganillos del ‘bluetooth’. o Este artículo lo he publicado en Diario LA RIOJA

ABOLIR LA ARROGANCIA

Vete tú a explicarle a Ione Belarra y a buena parte de la muchachada de Podemos que un día Octavio Paz escribió que «deberíamos abolir la arrogancia y la susceptibilidad entre España e Hispanoamérica, para mirar con ojos nuevos nuestras realidades, que son iguales y no lo son». Cuando digo Podemos, también me refiero a la mayor parte de la clase política que se avergüenza de España y desconoce profundamente su historia. Me remito de nuevo a Paz: «El español debiera conocer mejor la América prehispánica y los hispanoamericanos reintegrar la aportación española, que fue, en México particularmente, muy rica en los siglo XVI, XVII y XVIII». La portavoza de Podemos ha tuiteado que hay que recuperar la «memoria democrática y colonial que restaure las víctimas» y lamentablemente retrata su ilustre ignorancia porque no sabe que la desaparición de aborígenes se produjo básicamente en el siglo XIX y a manos de las élites de criollos que se hicieron con el poder tras las independencias de las repúblicas, como sucedió con los mapuches, destruidos finalmente por el ejército chileno al mando de Cornelio Saavedra Rodríguez en 1881. Ha dicho AMLO una serie de barbaridades a sabiendas de que lo son, porque él lo sabe. Y ha sido patética la forma en la que los de siempre se han aliado a los mismos para desacreditar el país en el que viven por enésima vez. La leyenda negra en su más genuina expresión doméstica. Juan Marichal escribió que Hernán Cortés fue un personaje renancentista y un fundador que leía a Maquiavelo. Casi nadie sabe quién fue Cortés en España pero sin él México nunca hubiera existido, ni AMLO tampoco. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

VOX Y LA ENCRUCIJADA DE PP Y CIUDADANOS

Cuando Vox apareció en el panorama electoral, acarreado por Vidal Cuadras, era poco más que una disidencia del PP en el que gravitaban buena parte de los desconsuelos que había provocado el ‘Marianismo’ por su papel paniaguado respecto al tema catalán y vasco y tantas cosas más. Tras el fracaso electoral de Vidal Cuadras, Vox se reinventó de la mano de Santiago Abascal y un pequeño grupo de demagogos como Espinosa de los Monteros y Ortega Smith, que han trazado una estrategia para amalgamar el voto de una derecha sociológica española harta de la inacción del Partido Popular en tres aspectos fundamentales: Cataluña (los nacionalismos en general), las leyes de género y la inmigración. Vox ha creado un batiburrillo ideológico primario y de respuesta rápida y en su crecimiento desde los comicios andaluces se han subido al carro ilustres personajes como Iván Vélez y José María Marco (a los que declaro mi admiración intelectual) pero también ultras y retrógrados que aseguran que la homosexualidad es una enfermedad o que cuestionan determinados tipos de totalitarismo además de la impresentable cuestión de las armas. Cuando se ‘hurga’ en las biografías de determinados ‘caudillos’ voxianos aumenta el estupor. Si Podemos nació del cabreo generalizado en el momento más amargo de la crisis con la anuencia de la Moncloa, Vox se está cociendo al calor de un ‘Sanchismo’ que necesita tener un enemigo evidente que contamine de ‘fascismo’ cualquier intento de una respuesta desde el Constitucionalismo a su rendición al supremacismo catalán y a sus cómplices nacionalistas vascos. PP y Ciudadanos están en una encrucijada irresoluble a no ser que unan sus fuerzas electorales para no depender o morir por Vox y la Ley D’Hondt. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

LAS GAVIOTAS NO GRAZNARÁN

Una de las situaciones más sonrojantes de la política española es ver al PP hundir y humillar su cerviz ante el nacionalismo vasco y sus privilegios que hacen de su enquistada ‘soberanía fiscal’ un agravio insostenible entre ciudadanos de primera clase y el resto; es decir, nosotros y todos los demás del marco legislativo común. Se humilló Mariano y ahora se humilla Casado, alfa y omega de un partido sin rumbo al que el impagable Ortuzar denomina golondrino: «Como las golondrinas, vienen cada año. Tienen su nido en Madrid pero vienen a cazar, a ver a cuántos mosquitos vascos incautos pillan por estas tierras». Casado manifestó su apoyo al concierto en Vitoria y en La Rioja ya no dijo nada ni nadie de los suyos de esta parte del Ebro le sonsacó nada –aunque fuera un tímido graznido– sobre el efecto frontera y el desamparo institucional que supone competir desde la desventaja, salir a cualquier estadio con tres chicharros encapsulados en tu propia portería. Hubo un tiempo en el que Ciudadanos también estaba en contra del desamparo fiscal, antes de comerse a UPYD. Pero ya tampoco dicen nada porque se ha hecho norma natural vivir con un riñón prestado al vecino rico. ¿Pero el PP? En la atonía de sus conversaciones privadas te dan la razón sobre el asunto, pero llega el líder y callan, porque ha dicho Casado en un foro vitoriano llamado ‘Revolución fiscal para un entorno competitivo’ (no es broma) que su partido «está comprometido» con la defensa del Concierto Económico vasco porque «no se puede cuestionar» la Constitución. Así que humillado ante el PNV, Casado volverá a sacar la bandera de España mil veces más. Pero no graznará, eso jamás. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

AGONCILLO 2050

Dicen las viejas crónicas que La Rioja tuvo un aeropuerto en Agoncillo. Un aeropuerto donde las naves despegaban o aterrizaban sólo después de una suerte de algoritmos y efectos colaterales que nacían en Madrid y que se iban disipando cuando la meseta comenzaba a intuir la depresión del Valle del Ebro. El aeródromo se fue hundiendo lentamente en la orilla del río hasta que un día desapareció por completo. Primero la cabecera de la pista, que sintió una contorsión telúrica y se resquebrajó tras incontables espasmos; dos días después, la terminal se precipitó sobre sí misma tras una contracción salvaje y los muros se revolvieron hacia dentro por efecto de una sobrecogedora implosión que se escuchó más alla del peaje de la autopista, que permanece indemne más de tres décadas después a la desaparición de la fallida infraestructura de Aena. Uno de los momentos más increíbles de la catástrofe se produjo al hundirse la torre de control. Fue succionada por una tierra que parecía viscosa. No se desplomó, simplemente cayó a un lado y arrastró con ella y a toda velocidad a un cuatrimotor de hélices que llevaba varado en Agoncillo desde que el Logroñés subió a primera división y se lo habían dejado olvidado tras la celebración de los hinchas, que fueron enfervorecidos a recibir a su equipo al aeropuerto en su único día de gloria. Ahora no queda nada, ni misterio. Los viejos dicen que un día crepitaron por allí pájaros de acero. Nadie les cree. (Yo sí). El meando del río a veces se conmueve y anega lo que dicen que fue la pista y un aparcamiento que permanece tan vacío y extraño como cuando se inauguró aquella terminal fantasmagórica y disparatada. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

TEMBLOROSOS Y TEMBLOROSAS

Los políticos andan de los nervios. Si uno se asoma, aunque sea levemente a sus quisicosas en los periódicos, se les ve crepitar como lucecillas trémulas en tardes que se niegan a convertirse en crepúsculo. Quizás ya se saben condenados a que ya no van a ser más y como en un periodo tan corto se van a disputar tantos espolones electorales y tantas cátedras pueden quedarse vacías, los nervios les trepan desde las uñas de los pies hasta la coronilla como una carrera de hormigas indescifrables. Se les ve temblorosos y temblorosas, claro. Y es que primero hay que colocarse en cada casa, pelarse la barba con cualquier conmilitón que se interponga para situarse bien en la trinchera: un puesto por debajo de la rasante puede convertir los próximos cuatro años en un invierno insoportable. Que no te salude nadie, el miedo al vacío telefónico, al sustento incierto, la vulgaridad de regresar al humus ciudadano convertido en lo que habías sido antes de la espuma de querer serlo todo. Los que más me impresionan son los ‘siemprevivos’, los que no se sabe muy bien cómo estiran su presencia en las listas sin relumbrón pero siempre están ahí; mejor dicho, allí, donde sus señorías se aletargan coleccionando legislaturas culiparlantes sin que nadie repare apenas un segundo en ellos. Son invisibles, intangibles, tienen la forma del agua porque da igual que les lidere Jaimito o Carpanta, el abominable hombre de las nieves o Santiago Segura. Otros que me encantan son los ‘guadaniescos’, los que parecía que la tierra se los había tragado y que sin embargo tienen la capacidad de emerger como un géiser y aparecer enarbolando cualquier bandera que habían guardado en el trastero. Así son. Exactamente como nosotros porque somos ellos. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja